Firmas Press
toolbar.gif (493 bytes)

Creada hace veinte años para servir a la prensa de habla española:
grandes columnistas, artículos de interés general, caricaturas, pasatiempos...

La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

Cam.jpg (6536 bytes)

"Carlos Alberto Montaner es el columnista de mayor divulgación en lengua española"
Cambio 16


buscar2.gif (405 bytes)


buscar.gif (308 bytes)


© Firmas Press. Prohibida la reproduccion de los artículos que aparecen en este medio, sin consentimiento escrito o electrónico de Firmas Press.

 

  513-line.gif (245 bytes)

Sangre y petróleo

Carlos Alberto Montaner

Madrid -- Varios pistoleros descendieron de un par de automóviles y dispararon contra la multitud desarmada e indefensa que protestaba en la Plaza de Altamira. Sobre el suelo quedaron cinco cadáveres y dos docenas de heridos. Los asesinos formaban parte de los ''círculos bolivarianos'', grupos de matones que tienen sus orígenes más remotos en los ''camisas pardas'' hitlerianas, pero provienen directamente de las ''brigadas de respuesta rápida'' creadas por Castro para reprimir en la isla a los demócratas de la oposición. ¿Por qué se cometió este crimen tan estúpido? Eso hay que explicarlo.

La estrecha relación entre los ''círculos bolivarianos'' y las ''brigadas de respuesta rápida'' no debe pasarse por alto. Es muy importante. Muchos de los ''cuadros bolivarianos'' han sido adiestrados en La Habana. El verdadero aporte del gobierno de Castro al gobierno de Hugo Chávez consiste exactamente en eso: en la ingeniería represiva. Como el imperio romano transmitía acueductos, basílicas y anfiteatros a sus colonias, el imperio ruso reproducía en ellas sus calabozos, paredones y sistemas de control. El principal legado del comunismo soviético a la revolución cubana fue el Ministerio del Interior, con sus técnicas de espionaje, sus ''comités de defensa de la revolución'' y su inmenso, eficaz y prácticamente inexpugnable aparato policiaco.

Los rusos o los alemanes del Este carecían de saberes técnicos y científicos comparables a los de Occidente. No eran capaces de organizar un servicio público con la pericia con que podía aprenderse en cualquier nación desarrollada del mundo libre, pero eran imbatibles en el terreno de la represión. Lenin fue el gran maestro, Stalin el discípulo aventajado, luego los alemanes aportaron el rigor de su cultura metódica y paciente. Finalmente, lo que los camaradas del Este llevaron a Cuba en 1959, además de un subsidio que crecía en la misma medida que aumentaba la torpeza económica del sistema, fueron la KGB y la Stasi. Ese es el fenómeno que ahora se reproduce en las relaciones entre Cuba y Venezuela, sólo que el subsidio va en la otra dirección: quien sostiene a la ''metrópoli'' cubana es su colonia venezolana.

Chávez le paga a Castro su asistencia policiaca con 53,000 barriles diarios de petróleo. La suma anual rápida, a 25 dólares el barril, arroja la cifra de 483 millones largos de dólares. Un monto superior al del valor total de las exportaciones de azúcar de la isla. Claro que la transacción se consigna como una ''compra-venta'', pero si alguna inquebrantable convicción anida en el corazón de Castro es que los revolucionarios (y menos entre revolucionarios) no incurren en esa ordinariez burguesa de pagar las deudas. Por eso a los rusos les dejaron de abonar veintitrés mil millones de dólares, y a españoles, argentinos y japoneses les deben, a cada país, más de mil millones de incobrables dólares.

Pero sigamos analizando el dato. Las necesidades reales de petróleo que tiene Cuba son 200,000 barriles diarios, aunque el país funciona, muy pobremente, con unos 150,000, de los cuales la firma canadiense Sherritt consigue extraer localmente 41,000, vende al gobierno cubano 24,000 al precio preferente de 22 dólares el barril, y le entrega sin costo otros 17,000. Los 53,000 barriles diarios de petróleo que Chávez aporta a su amigo Castro constituyen, pues, más de un tercio de las necesidades energéticas de la dictadura, y significan casi la mitad del costo de la factura energética que debe abonar el estado cubano, actualmente (y desde 1987, cuando denunció la deuda internacional) en bancarrota.

Pero este pavoroso cuadro económico tiene unas graves consecuencias políticas y morales en la convulsa Venezuela de hoy. El gobierno de La Habana, que sabe que la salida de Chávez del poder le traerá inmediatamente el fin del subsidio petrolero, es quien le aconseja al abrumado coronel que opte por ''profundizar la revolución'' y liquide de una vez a sus enemigos burgueses. ¿Cómo se logra ese ''milagro''? Mediante un enfrentamiento militar que se salde con una victoria revolucionaria que traiga la ocupación de los medios de comunicación y el inicio de una dictadura estatista, vecina del modelo cubano o del libio, que tanto le gusta invocar a Chávez cuando le da por citar el Libro verde de Gadhaffi.

Es dentro de ese espíritu que el gobierno cubano alienta al crimen a los ''círculos bolivarianos''. ¿Para qué? Para provocar una respuesta violenta de la oposición que justifique la militarización total del país y la supresión inmediata de todas las libertades. El régimen castrista no ignora que ya más del setenta por ciento de la población venezolana quiere la salida de Chávez. Y sabe que casi todo el andamiaje institucional ha quedado fuera del control del gobierno, de manera que la única esperanza que le queda a La Habana es un golpe militar que sostenga a Chávez en Miraflores y a los barcos petroleros en ruta a la isla. Es obvio, pues, lo que sigue: Castro seguirá aconsejando la violencia y generando el caos, y no es descartable que sus agentes intenten eliminar a algunos líderes de la oposición con el objeto de provocar ''la lucha final''. En 1936 un sicario cubano exiliado en España participó en el asesinato de Calvo Sotelo, hecho que desató la guerra civil. Castro sabe esa historia y le gustaría repetirla. La matanza de Altamira fue sólo un ensayo.

Diciembre 15, 2002

  dot-clear2.gif (55 bytes)
dot-clear.gif (545 bytes)