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Entrevista a Carlos Alberto Montaner
Carlos
Espinosa
Domínguez,
Miami
Cubaencuentro
'Me gusta prestar los libros que me han producido placer'
Con
más de cuarenta obras en su haber, el autor de 'Perromundo' refiere su
preferencia por los libros de bolsillo y su hábito de no volver a los títulos
ya leídos.
¿Cuántos libros tiene tu biblioteca?
Hasta
hace tres años tenía unos 15.000 volúmenes. Pero cuando dejé mi oficina de la
calle Santa Clara tuve que regalar la mitad. Elegí un par de buenas
bibliotecas públicas para hacer la donación. De los casi ocho mil que quedaron
en mi poder, unos cinco mil, junto a veinte cajas de papeles, fueron luego a
parar a un depósito. Mi fantasía consiste en creer que algún día podré
rescatar esos libros y organizar las cartas y documentos. Seguramente eso no
ocurrirá nunca.
¿Cómo los tienes organizados: por autor, por tema o indiscriminadamente?
"Organizados" es una palabra muy generosa. El caos está segmentado en temas:
"Cuba", "América Latina", "ficción", "pensamiento universal", "historia",
"economía", "consulta", etcétera. Sin embargo, suelo saber dónde se
encuentran.
¿Qué criterio sigues para comprar libros: un criterio racional o te dejas
llevar por el impulso?
Generalmente voy a comprar un libro y acabo adquiriendo varios. A veces entro
en las librerías con el ánimo de curiosear y la decisión inquebrantable de no
comprar nada, pero acabo cediendo. Me pasó hoy mismo con una antología de
ensayos reunidos por Juan José Laborda sobre las tensiones nacionalistas en
España: España: ¿cabemos todos?
¿Qué haces para controlar la superpoblación, la cantidad excesiva de
volúmenes?
Como
te conté, he tenido que regalar miles de libros. A veces los obsequio a los
amigos porque me gustan mucho y luego procedo nuevamente a comprarlos. Ya he
vuelto al punto en que no tengo donde guardarlos. Espero con una enorme
ansiedad que se perfeccionen los lectores electrónicos para poder leer
cómodamente en una pantalla que tenga la textura visual del papel impreso.
Sueño con poder comprar los 124 volúmenes de la obra de Balzac en un chip del
tamaño de una tarjeta de crédito que se inserte en la ranura lateral de un
"libro" electrónico.
¿Cuál es el ejemplar más valioso de tu biblioteca?
En una
época compraba libros cubanos antiguos, pero con la edad he ido perdiendo esa
afición. Supongo que los cinco tomos de Mi mando en Cuba de Weyler tienen
algún valor. También la descripción de Pezuela. Hace poco me regalaron una
primera edición de la poesía de Plácido. Pero el libro más curioso que he
tenido es un cuaderno manuscrito con la transcripción de todos los telegramas
y cables cifrados que llegaron a la embajada de Cuba en Madrid a principios de
los años sesenta. Lógicamente, es un ejemplar único. Lo compré en una librería
"de viejo" por dos dólares. Algún desertor o un sirviente debe habérselo
robado y luego lo vendió por unos céntimos. Se lo regalé a una universidad
norteamericana especializada en Cuba.
¿Hay libros de los que tienes más de una edición?
Por
supuesto. A veces prefiero leerlos en formato de bolsillo y vuelvo a
comprarlos. No sé por qué tengo varias ediciones de las Memorias de Adriano.
De El amor en los tiempos del cólera debo tener tres o cuatro ediciones
distintas.
¿Cuál es el libro que más veces has releído?
No me gusta releer ni siquiera mis propios libros. Mejor
dicho: especialmente mis propios libros. Es tanto lo que hay que leer, y es
tan poco el tiempo disponible, que cuando regreso a un volumen que ya había
leído siempre tengo la sensación de estar desperdiciando una oportunidad.
¿Tienes un lugar específico para los libros escritos
por ti, eso que pudiéramos llamar tu egoteca?
Trato de agruparlos en una estantería, e intento
conservar todas las ediciones de los que han sido reproducidos varias veces o
han sido traducidos a otros idiomas, pero no lo consigo. O se me pierden, o
los regalo. Ahora estoy loco tratando de encontrar la edición italiana de
Fidel Castro y la revolución cubana.
¿Acostumbras prestar libros a tus amigos?
Me gusta prestar los libros que me han producido placer.
De Notas de cocina de Leonardo da Vinci he regalado una buena docena.
Ni siquiera se sabe si lo escribió él o si es una fabricación apócrifa, pero
es delicioso. De Del buen salvaje al buen revolucionario debo haber
regalado veinte o treinta. Últimamente he prestado Íntimo color, un
bellísimo poemario de Laura Ymayo Tartakoff, precisamente por eso: es tan
bueno que debe divulgarse profusamente.
¿Devuelves los libros que te prestan?
Casi siempre. Cuando no los devuelvo es por algún
despiste. Odio quedarme con lo que no es mío. Tengo una conciencia calvinista
para estas cosas.
¿Tienes un lugar fijo para leer?
Varios: una butaca reclinable en la sala, otra en el
despacho, acostado en la cama.
¿Sueles subrayar y anotar los libros que lees?
Sí, los de historia y pensamiento. Casi nunca la ficción.
Jamás la poesía.
¿Eres monógamo para leer o lees más de un libro a la
vez?
Generalmente tengo media docena de libros en proceso de
lectura. A veces los termino en tres días y a veces en tres años. Con
frecuencia los abandono de forma permanente si dejan de interesarme. Mi
carácter desordenado se manifiesta, lógicamente, en el desorden en la lectura.
Además, suelo concederles 50 páginas de gracia a todos los libros, pero no
muchas más. Al primer tomo de las memorias de García Márquez, porque es un
autor que me gusta mucho, le otorgué cien páginas, pero tiré la toalla antes
de llegar a esa meta. García Márquez es un prosista de enorme talento, pero su
deseo de rescatar todos los detalles de su biografía, por banales que fueran,
destruye el interés del relato. No compraré, creo, los otros dos tomos con que
amenaza.
Por último, si alguien quisiera iniciarse en la
lectura y te pidiese ayuda, ¿qué diez libros le recomendarías?
Depende de la edad. Si es un adolescente le recomendaría
libros de aventuras realistas, jamás los clásicos. Obligar a un muchacho a
leer El Quijote es la forma más eficaz de alejarlo para siempre de la
literatura. Si es un adulto con cierta formación, más que obras, le
recomendaría autores: entre los españoles, Valle Inclán, Ortega, Miguel
Hernández, León Felipe. Entre los latinoamericanos: Darío, Borges, Vargas
Llosa, García Márquez, Vallejo, Octavio Paz. Y si se permite agregar un
colofón netamente cubano, Martí, Varona, Carpentier, Baquero y la inmensa obra
histórica de Leví Marrero, el mayor de nuestros intelectuales. El que realizó
la mayor hazaña intelectual de la Isla con Cuba: economía y sociedad.
Marzo 24, 2003
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