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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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La llama se extingue

Carlos Alberto Montaner

En Ecuador, un brillante ingeniero ha formulado una original hipótesis sobre el origen y funcionamiento del universo. Se llama Antonio Mortensen, estudió en Notre Dame, en Estados Unidos, y ha dedicado casi toda su ya larga vida a observar la naturaleza y a sacar sus propias conclusiones. Tiene, pues, la frescura de los pensadores griegos que hace veinticinco siglos se asomaron al mundo con una mezcla de curiosidad y audacia intelectual cuyos efectos llegan hasta nuestros días y le dan forma a nuestra manera de entender la realidad.

Pese a ser notables sus reflexiones físicas y metafísicas --es un tema en el que materia y espíritu se mezclan--, lo más trascendente de su obra no es, sin embargo, teórico, sino práctico: Mortensen comenzó mirando las estrellas y acabó fundando una asombrosa escuelita, a la que puso por nombre ''La llama del Valle''. ''Llama'', porque en la naturaleza del fuego, de acuerdo con su teoría, se resume la esencia del universo: una inmensa onda, un punto inicial, un punto final y un eje que los une; del ''valle'' porque la pequeña institución está situada en el Valle de Chillo a 17 kilómetros de Quito.

¿Qué sucede en ese mínimo plantel de enseñanza elemental al que apenas concurren tres docenas de muchachas y muchachos? Algo que debió suceder en la Atenas de Platón y Aristóteles: los jóvenes sueltan su imaginación sin ningún límite. Mortensen les imparte su explicación sencilla sobre la unidad íntima del universo y los deja razonar y llegar a sus propias conclusiones. Su idea de la capacidad potencial de los niños es la que le atribuyen a Salvador Dalí: ``Todos nacen genios, pocos sobreviven a la escuela''.

El resultado de este método pedagógico es extraordinario: los niños, antes de los 10 años, despejan ecuaciones complejas, manejan logaritmos y son capaces de explicar conceptos de la física que usualmente emplean estudiantes que les doblan la edad. ¿Cómo puede suceder este ''milagro'' educativo? Porque el aprendizaje no está basado en la memoria ni en la repetición, sino en el asombro y la comprensión inteligente. Los niños se ''maravillan'' con lo que van descubriendo y ese impacto psicológico deja en ellos una huella permanente. Hay una inversión del proceso convencional educativo. Mientras, tradicionalmente, los niños memorizan para aprender, en el método de Mortensen los niños aprenden y esa experiencia se graba en la memoria de manera automática y contribuye a facilitar otros razonamientos aledaños.

Es curioso que Ecuador, país cuyo sistema de educación pública es muy deficiente, no preste atención a un fenómeno tan importante que sucede dentro de sus propias fronteras. ¿No es obvio que la lucha contra la pobreza y el alivio de los grandes males que aquejan a nuestras sociedades comienzan con un gran esfuerzo educativo? Tal vez bastarían un par de generaciones de muchachos salidos de las aulas escolares llenos de creatividad y energía para cambiar radicalmente el pobre desempeño económico y social de estos países.

Al fin y al cabo, uno de los hallazgos más interesantes de la pedagogía moderna es que no hay nada más importante que los métodos de enseñanza para obtener buenos o malos resultados. El número de estudiantes por aula, la inversión por alumno o la calidad de los libros de texto son factores que tienen algún peso, pero ninguno alcanza la trascendencia del método empleado para transmitir los conocimientos y, claro, al dominio que el maestro tenga del método que emplea. Esto se comprueba en países como Corea del Sur o Taiwan, donde el nivel promedio que alcanzan los estudiantes de matemáticas es muy superior al que se logra en Estados Unidos o Canadá, pese a que estas naciones asiáticas sólo invierten la tercera parte per cápita de lo que gastan las dos grandes potencias de América.

Es obvio, finalmente, que esta crónica tiene algo de SOS. Yo no conozco personalmente al señor Mortensen, pero tuve noticias de su obra, leí algunos de sus papeles, vi un breve reportaje sobre su pequeña escuela y quedé muy impactado. Pregunté qué edad tenía y me respondieron que mediaba los setenta. Entonces sentí cierta angustia. Era inevitable que en pocos años ese exitoso experimento educativo desaparecería sin apenas dejar huella. Primero se extinguiría la llama vital de Antonio Mortensen. Pocos años más tarde, seguramente, se extinguiría ''La llama del Valle''. Y todos, quien sabe si el universo completo, sin darnos cuenta, habríamos perdido mucho.

Marzo 7, 2004

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