Chávez
entre los votos y las balas
Carlos Alberto Montaner
Finalmente
Chávez tuvo que aceptar su derrota. ¿Por qué? Por tres razones: porque es
evidente que tiene en contra al 70 por ciento de la opinión pública y toda
la prensa da testimonio diario de ese rechazo intenso y visceral; porque el
peso y la firmeza de Jimmy Carter y de César Gaviria y la OEA lo hubieran
deslegitimado totalmente si intenta otra maniobra fraudulenta como la
empleada hace unos meses para invalidar injustamente cientos de miles de
firmas; y, lo más importante, porque no tuvo suficiente respaldo militar
para llevar a cabo otra aventura golpista.
Este último
factor fue el decisivo. A Chávez, que en 1992 atacó la casa de gobierno y
dejó 500 muertos en las calles de Caracas, nada lo erotiza más que la
ilusión de crear una dictadura revolucionaria a mitad de camino entre
Gadaffi y Fidel Castro, pero su poder está montado sobre una base débil y
variopinta en la que concurren delirantes aventureros de la izquierda
furibunda, oficiales sin prestigio en el ejército y ganapanes a la búsqueda
de prebendas. O sea, un gentío que es mas útil para saquear un supermercado
que para montar una revolución como Lenín manda.
El próximo
paso será revocar su mandato el 8 de agosto con la firma de más de 3 757 773
votos. Conocidos los trucos que es capaz de fraguar el Consejo Nacional
Electoral, la oposición tendrá que excederse de esa cifra en otro millón
adicional de electores para crear un colchón anti trampas. Una vez
conseguido ese objetivo, se convocará a elecciones presidenciales para
cubrir el periodo que resta del gobierno actual: unos dos años y medio mal
contados.
Ahí la
oposición tendrá que hilar fino, unirse, y aprender de la experiencia
chilena contra Pinochet o de la nicaragüense contra los sandinistas. El
candidato unitario para ese gobierno interino muy bien puede ser Américo
Martín, Pompeyo Márquez, Tejera París o cualquier otro venezolano
inteligente, conocido, prestigioso, con capacidad para la maniobra política
y más allá de toda sospecha. Pero alguien con garra porque Chávez, muy
probablemente, vuelva a aspirar, dado que la Constitución no lo prohíbe. Es
curioso que un presidente “revocado” presente nuevamente su candidatura,
pero con Chávez todo es posible. Incluso es conveniente: mientras el coronel
esté pensando en hacer trampas con los votos echará a un lado su perenne
tentación de hacer trampas con las balas.
Junio 5, 2004