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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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Hoy conversamos con
Carlos Alberto Montaner

Entrevista de Literatura Cubana

 

Escritor, ensayista y periodista, Carlos Alberto Montaner nació en La Habana en 1943. Ha sido profesor universitario y conferencista en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Ha publicado más de veinte volúmenes de ensayos y narraciones. Algunos de ellos han sido traducidos a varios idiomas. Entre sus obras se destacan los ensayos Doscientos años de gringos; La agonía de América; Libertad, la clave de la prosperidad; Las raíces torcidas de América Latina; Fidel Castro y la Revolución cubana; Los latinoamericanos y la cultura occidental; Cuba: claves para una conciencia de crisis; No perdamos también el siglo XXI y Viaje al corazón de Cuba; y las novelas Perromundo y 1898: La trama. En colaboración con Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza, es coautor del Manual del perfecto idiota latinoamericano y de Fabricantes de miseria. Semanalmente escribe una columna que se publica en decenas de periódicos de España, América Latina y Estados Unidos. En 1990 fundó la Unión Liberal Cubana con el objeto de tratar de impulsar la transición a la libertad y la democracia en Cuba. En 1992 fue elegido vicepresidente de la Internacional Liberal. Reside en España desde 1970.

 

Pregunta de la lectora Miriala Sánchez (Tampa, Florida)

Sr. Carlos Alberto Montaner: Supe de Ud. por primera vez en Cuba hace 12 años, por un taller de análisis clandestino que dirigía en la ciudad de Cienfuegos, el escritor y disidente Armando de Armas. En esos encuentros concluimos que entre los múltiples factores que llevaron a la pérdida de la República de Cuba está el hecho de que, contrario a lo ocurrido en el S. XIX, durante el S. XX no hubo en la isla un pensamiento liberal de derecha, ni siquiera de derecha, mientras las posiciones de izquierda dominaron, aun inconscientemente, todo el panorama intelectual. ¿Qué opina Ud. al respecto?

R: En efecto. Durante nuestro escaso medio siglo de vida republicana no existieron verdaderos partidos realmente liberales o conservadores, aunque llevaran esos nombres. Ni José Miguel Gómez tenía nada que ver con Adam Smith ni Menocal se asomó jamás a Edmund Burke. Eran etiquetas vacías. A partir de los años veinte el marxismo y el populismo comenzaron a enseñorearse en el campo político hasta dominar casi todo el espectro ideológico del país. Con frecuencia, en algunas charlas universitarias, suelo leer en voz alta algunos párrafos del documento fundacional del Partido Revolucionario Cubano tras la caída de Machado, sin mencionar la fuente, y les pregunto a los oyentes quién es el autor de esa prosa incendiaria. Suelen atribuir los textos al Che Guevara o a Fidel Castro. Se sorprenden cuando les digo que el autor era el muy burgués Ramón Grau San Martín. En la sociedad cubana había muy poca gente que comprendiese la importancia de defender los derechos de propiedad, la economía de mercado y, en general, el Estado de Derecho. Vivíamos en una atmósfera revolucionaria, convencidos de que algún día llegaría el Mesías a salvarnos de nuestros pecados.

 

Por otra parte, considero que es Ud. el pensador cubano más importante de los últimos 25 años al menos, pero que al mismo tiempo es un excelente novelista; recuerdo especialmente su novela Trama (que leímos en el taller que le mencioné al inicio). ¿No piensa volver a incursionar en el género de la novela?

R: Muchas gracias por ese generoso juicio, Miriala. Me gusta creer que he contribuido a reexaminar el origen de nuestras querellas políticas y, muy especialmente, a desmitificar la dañina visión revolucionaria que padecíamos los cubanos. En cuanto a la novela, sí pienso regresar a este género. Desde hace años me da vueltas una complicada historia de amor que quiero contar. Cuando concluya un par de libros ya comenzados intentaré escribir esa novela.

 

Pregunta del lector Alberto Lauro (Madrid, España)

Querido Carlos Alberto, ya sabemos de su sostenida tenacidad por lograr los derechos civiles que nuestro pueblo no tiene. ¿Piensa que esta tarea le ha restado tiempo a su obra de ficción, a su inicial vocación de novelista y cuentista?

R: Querido Alberto Lauro: por supuesto que sí. Tengo 61 años, y desde los 15 la llamada revolución cubana me ha mantenido permanentemente ocupado. En gran medida es muy triste haber dedicado tanto esfuerzo y tiempo a luchar contra un disparate de ese calibre y contra un dictador como Castro. Extraño mucho los libros que no he leído o escrito como resultado de esta desgracia colectiva. A veces tengo la sensación de que nuestra historia, o la historia de mi generación, es la de un grupo atrapado en una especie de arena movediza, en una tembladera maldita.

 

Preguntas de la lectora Laura Redruelo

Aunque sé que usted ya estaba en el exilio durante los años noventa, ¿cree que el discurso literario de esa época (que se publica dentro de la isla) se alejó de las posiciones más oficialistas para conformarse como un espacio cuestionador del discurso revolucionario y de la crisis de valores que se vivía? ¿Fue un efecto directo de las circunstancias del Período Especial?

R: Creo que el derribo del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS fueron un mazazo terrible contra el marxismo y contra el discurso oficial del castrismo, pero la fatiga con la ideología oficial era, incluso, anterior. El período especial sólo potenció lo que se estaba incubando desde que la perestroika apareció en la Unión Soviética. Autores como Raúl Rivero, Zoé Valdés o María Elena Cruz-Varela ya habían perdido toda ilusión con la revolución. Luego surgen voces que expresan, cada una a su manera, un grado inmenso de insatisfacción con la vida cotidiana en la Cuba post- soviética.

 

Dice Arturo Arango que existe una visión limitada del exterior que asume que los escritores cubanos "que permanecen dentro son, o no tienen más remedio que ser voceros del régimen, y que si los nuevos no son disidentes es porque están domesticados en las fórmulas del realismo socialista o marcados para siempre por la autocensura". ¿Está de acuerdo? Tendría muchas más preguntas, pero no quiero abusar de la oportunidad. Muchas gracias,

R: Los escritores radicados en Cuba viven sujetos a un perenne chantaje: si adoptan una actitud crítica van a la cárcel o al ostracismo. Lo realmente asombroso es la cantidad de escritores que se han atrevido a enfrentarse a la dictadura, como Raúl Rivero, Víctor Rolando Arroyo, Manuel Vázquez Portal, Néstor Rodríguez Lovaina, Tania Quintero y tantos otros que hoy yacen en prisión o debieron exiliarse. El periodismo independiente es uno de los episodios más heroicos de cuantos han escrito los demócratas cubanos.

 

Pregunta del lector J. Miyares

¿Por qué ha abandonado su labor de narrador? Sus novelas y relatos indicaban una valiosa labor que daba prestigio a la literatura cubana de siempre. ¿Tiene planes de continuar esa labor creativa?

R: Realmente no la he abandonado, sino la he postergado y alternado con el ensayo y el periodismo. Pienso volver pronto a la novela. "Pronto" es un par de años, dados los proyectos que tengo pendientes.

 

Pregunta de la lectora América Fissolo (París)

Señor Carlos Alberto Montaner,

Distinguido compatriota:

Sigo teniendo mis raíces en Cuba, aunque llevo cuarenta años en París. Demás está decirle que me encantan sus talentosos artículos. Mi pregunta es: ¿Responderá usted a los insultos de ese miserable señor Michael Moore, o a las palabras de Kerry a quien "no interesa la democracia en Cuba"? Gracias adelantadas por si lo hace y gracias de todas formas por sus escritos. Reciba mis saludos más cordiales desde París.

R: Comparto totalmente su indignación contra Michael Moore por sus insultos a los demócratas cubanos de la oposición, pero sólo le respondería en un medio norteamericano en el que la réplica tuviera algún efecto real. Me parece un demagogo de la peor calaña.

 

Pregunta de la lectora E. Suárez

Sr. C. A. Montaner, soy cubana y vivo fuera de la tierra. De las grandes interrogantes que sufro es ésta acerca de dos escritores que quiero y admiro mucho, Fina G.M. y Cintio V. ¿Qué explicación tiene que esos dos casi santos, inteletuales sensibles, cubanísimos, y con tantos valores humanos, sigan apoyando la ruta y esencia del gobierno cubano? Sinceramente me mata que Fina apoye la crueldad, la injusticia del gobierno y la mediocridad en la que vive el pensamiento cultural cubano. Gracias.

R: La posición de Fina y Cintio es inconcebible. Es un matrimonio católico que viene de una tradición cultural absolutamente contraria a esa versión chancletera del marxismo-leninismo impuesta en Cuba por Fidel Castro. Es muy difícil adivinar las motivaciones ocultas de las personas, pero supongo que existe un elemento de cobardía y oportunismo que explica el radicalismo otoñal de esta pareja. Si no hubieran apoyado a la dictadura les esperaba el silencio o el exilio. Han tratado de escudarse en la coartada de un nacionalismo antiamericano para justificarse, pero es obvio que se trata de una falsa postura. Realmente, inspiran más pena que otra cosa.

 

Pregunta del lector Jorge Daubar

Usted declaró en el programa de María Elvira Salazar que cuando regresara a Cuba, después de la caída de Fidel Castro, fundaría un partido político llamado Unión del Centro Democrático. ¿Esto quiere decir que dejará de ser un liberal o que ya no pertenece a la Unión Liberal Cubana? Muchas gracias de antemano por su respuesta.

R: No, sigo siendo liberal y la Unión del Centro Democrático también lo será, pero la idea es abrir un espacio más amplio para que puedan integrarse otras personas de ese vecindario ideológico. Algo parecido a lo que han hecho los partidos populares europeos, donde coinciden liberales, democristianos y conservadores. Para ser más efectivos hay que abrir el abanico.

 

Pregunta del lector Ibrahím Soler (Miami, Florida)

Señor Montaner, lo que le voy a preguntar, sólo Dios lo sabe con certeza, pero como político experimentado y filósofo, me gustaría saber cómo y cuándo piensa usted que se producirá una transición democrática en nuestra patria.

R: Todo parece indicar que la muerte de Fidel Castro será el punto de partida de una complicada transición. Tras la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo, la estructura de poder en Cuba esperaba a que Fidel Castro encabezara los cambios. Durante el 5to. Congreso del Partido Comunista se convenció de que Castro era el obstáculo. Ahora los reformistas del gobierno --que son una mayoría aterrorizada, obediente y silenciosa-- y los demócratas de la oposición esperan a la muerte de Castro para forjar alguna suerte de compromiso que posibilite el entierro organizado de la dictadura.

 

Pregunta de la lectora Teresa Hernández Álvarez (España)

¿Cómo se puede ser comunista, y fidelista toda la vida, y de la noche a la mañana, ser un anticastrista terrible? ¿Cómo se puede llegar a un país extranjero, y tener ese empuje social en tan poco tiempo, cuando a otros, con mucho más currículo, no se les abre las puertas como a usted? ¿No cree, que ser una persona tan variable, es dudoso, o falta de personalidad?

R: La tradición indica que los conversos suelen ser feroces en la defensa de sus nuevas convicciones. En general, los anticomunistas más combativos y

eficaces, desde Koestler hasta Semprún, se formaron dentro de partidos comunistas. En cuanto al eco que encuentran, eso depende de las relaciones personales, del talento, de la suerte y de los rasgos del carácter.

 

Preguntas de Literaturacubana.com

¿Quisiera hablarnos de su niñez, dónde creció? ¿Sobre su familia?

R: Nací en el seno de una familia de clase media-media habanera. Mi padre, Ernesto, era un periodista talentoso, bohemio y desorganizado, vinculado al Partido Ortodoxo, con más humor que recursos económicos, y mi madre, Manola, una maestra de escuela pública, doctora en Pedagogía, buena, responsable y laboriosa. Mi niñez la pasé en la calle Tejadillos, en la Habana Vieja, junto a dos hermanos muy queridos, en un apartamento alquilado, umbrío y sonoro, donde todos se enteraban de las miserias de los otros. El matrimonio de mis padres se deshizo cuando yo tendría unos trece años. Fui un estudiante poco disciplinado y, con frecuencia, me vi obligado a cambiar de colegio, unas veces porque me expulsaban, y otras porque nos mudábamos de casa.

 

Ahora, ¿quisiera hablarnos de su juventud, de sus deportes y pasatiempos favoritos?

R: Fui un joven --"¿fue juventud la mía?"-- extraordinariamente precoz. Comencé a trabajar a los 14 años como visitador de farmacias, mientras estudiaba por las noches en el Instituto del Vedado. A esa edad me enamoré de Linda, una bella muchacha a la que conocí en 1957, un atardecer en que en el Club Comodoro de La Habana pusieron una bomba e hirieron gravemente a unas cuantas personas. Ella lloraba junto a dos hermanitos pequeños y yo fui, muy caballerosamente, a protegerla. Nos casamos dos años más tarde, a los 16 años de edad, y desde entonces estamos juntos. Tenemos dos hijos --Gina y Carlos-- y tres nietas: Paola, Gabriela y Claudia. En medio del vendaval que ha sido nuestra vida, hemos sido muy felices.

Naturalmente, todas estas anécdotas personales ocurrieron con la revolución cubana como trasfondo. Tras un ilusionado comienzo, en 1959, como tantos cubanos, muy pronto descubrí que íbamos hacia una terrible dictadura, bastante más ineficiente y cruel que la de Batista. En diciembre de 1960 me apresaron y condenaron a 20 años de cárcel junto a otros estudiantes. Tuve mucha suerte y pude escaparme de la prisión y conseguir asilo en una embajada. Salí de Cuba en septiembre 8 de 1961. En realidad, tuve poco tiempo para practicar deportes o cultivar pasatiempos. Ni siquiera me es dable recurrir a esa frase manida de "en mis buenos tiempos". No guardo en mi memoria las imágenes de una época feliz y despreocupada.

 

¿De dónde le viene la vocación por la literatura? ¿Y por la política?

R: Creo que mi padre, que era poeta además de periodista, influyó en mi vocación por la literatura y la política, aunque con los años anduviéramos por caminos distintos en los dos campos. En Estados Unidos, finalmente, terminé una Maestría en Literatura, y esa disciplina fue la que luego enseñé en una universidad en Puerto Rico entre 1966 y 1970.

Sin embargo, casi todas las conferencias que he dictado en diversas universidades están más cerca de la política y de la historia que de la literatura. Por otra parte, en la Cuba que me tocó vivir era muy difícil esquivar la política.

 

¿Qué lecturas disfrutó más durante su infancia y su adolescencia? ¿Cuáles considera que marcaron su vida intelectual?

R: De muchacho leí con mucho deleite numerosos libros de aventuras, entre los que no faltaron Alejandro Dumas y Emilio Salgari, por supuesto. Nuestros padres nos regalaron una colección de 20 tomos llamada "El tesoro de la juventud" y creo que me los leí completos. Con el objeto de "reformarnos", a mi hermano Ernesto y a mí nos internaron en un colegio militar en La Habana, y uno de los castigos era leer en la biblioteca, algo que me encantaba.

 

¿Cuál sería su propuesta si el régimen castrista llegase a un cansancio y qué propone alcanzar mediante sus muchos artículos en varios medios del mundo en contra del mismo?

R: Mi propuesta sería iniciar el cambio político por medio de un acuerdo civilizado que comenzara por, primero, poner en libertad a todos los presos políticos; segundo, permitir la libre expresión de las ideas; y, tercero, autorizar la libre asociación política. A partir de esas libertades se desencadenaría una dinámica que conducirá a la sociedad a una transición pacífica sostenida por métodos democráticos. No me cabe duda de que sería el fin de la dictadura comunista, pero ahí llegaríamos sin traumas ni sangre, más o menos como sucedió en Polonia, Hungría o Checoslovaquia.

Con mis artículos sobre Cuba suelo pretender dos objetivos: denunciar los atropellos que ocurren en la isla y contribuir a crear las condiciones para que algún día pueda instaurarse la democracia en Cuba.

 

¿ Qué libros de autores cubanos contemporáneos de dentro y fuera de la isla considera que vale la pena leer por su valor literario?

R: Dentro de Cuba, creo que la poesía de Raúl Rivero es fundamental. La obra de Pedro Juan Gutiérrez y de Padura me parecen muy interesantes. Fuera de Cuba hay una infinidad de autores muy valiosos. Lilliam Moro acaba de ganar un premio en España por una estupenda novela, En la boca del lobo, sobre un grupo de balseros. Zoé Valdés es una magnífica novelista, con una fuerza tremenda. Hay muchos: Carlos Victoria, Reinaldo Bragado, Eduardo Manet, los hermanos Abreu, Daína Chaviano, Laura Ymayo. Leí recientemente un excelente manuscrito de Juan Manuel Cao sobre el tema del traidor. Ahora lo publicará Planeta. Paquito D'Rivera abandonó el saxo por unos meses para escribir un texto muy divertido. En fin, admiro a decenas de escritores exiliados y me apena no poder nombrarlos a todos. Si lo hiciera convertiría esta entrevista en un catálogo inútil.

 

Entre los diferentes géneros literarios, ¿cuál es su preferido y por qué?

R: Esa preferencia ha ido cambiando a lo largo de mi vida. Primero disfrutaba más la poesía. Ya apenas leo poesía. Luego me apasionó la narrativa. Más tarde, el ensayo político. Hoy busco el ensayo histórico con mucho interés.

 

Como todo emigrante, la nostalgia debe asaltarlo constantemente. ¿Qué es lo que más extraña de Cuba?

R: Seguramente, La Habana. Sus calles y plazas. Su ambiente.

 

¿Pudiera describirnos un día promedio de la vida actual de Carlos Alberto Montaner?

R: Es una vida deliciosamente solitaria: un par de horas de lectura, cinco o seis frente a la computadora, generalmente escribiendo o contestando correspondencia, una caminata de una hora, y luego la cena con algunos amigos.

 

¿Qué considera importante en su vida para ser feliz?

R: Llevar a buen término lo que me propongo, la amistad de unas cuantas personas, el bienestar de mi familia. En realidad, no necesito mucho para sentirme bien.

 

¿Cuál es su lugar habitual para escribir? ¿Necesita condiciones especiales para hacerlo? ¿Tiene algún objeto fetiche que necesite para escribir?

R: Mi estudio en Madrid es muy grato. Se asoma a un ventanal frente al Parque del Retiro. No me gusta estar encerrado. Durante muchos años, tal vez por la vieja costumbre de estudiante pobre cubano, escribía a mano en un sillón de madera al que le colocaba una tabla sobre los brazos. A principios de los ochenta me incorporé a la computadora y abandoné el sillón. Esto suelo lamentarlo cuando me duele la espalda.

 

¿Cuáles son, a su juicio, las ventajas y desventajas, para escribir, que tienen los cubanos que viven fuera de Cuba, con respecto a los que viven dentro?

R: En realidad, casi todas son ventajas. En primer término, la libertad de poder decir lo que te plazca sin miedo al censor y sin sufrir el dolor de la autocensura. Por otra parte, el número de cubanos exiliados que ha conseguido publicar sus obras en buenas editoriales internacionales es extraordinario. No hay ninguna literatura nacional iberoamericana que cuente con tantos autores publicados en España, Argentina, México, Chile, Francia o Estados Unidos como sucede con los cubanos exiliados. Jamás la literatura cubana ha despertado tanto interés como el que hoy suscitan los cubanos exiliados. Los que viven dentro del país, si son escritores oficiales generalmente interesan muy poco. Si están frente al régimen, en cambio, como Raúl Rivero, generan una gran simpatía. Si se mantienen al margen, como Pedro Juan Gutiérrez, también son bien aceptados. Los que están cada vez peor vistos y sufren una especie de rechazo instintivo, son los defensores del estalinismo, como Roberto Fernández Retamar y los otros escritores "orgánicos" del régimen.

 

¿Cuál es su opinión sobre los best sellers? ¿Cree que son dañinos para la buena literatura?

R: Por el contrario, los best-sellers fomentan la lectura, y eso acaba por favorecer a los buenos escritores. A veces, incluso, como sucede con Vargas Llosa y García Márquez, la buena literatura se vende y difunde en forma masiva.

 

¿Ha visitado antes Literaturacubana.com? ¿Qué opinión le merece?

R: Claro que la he visitado. Me parece una empresa encomiable. Una verdadera muestra de amor a la cultura y a la sociedad cubanas.

¿Qué nuevos proyectos tiene en mente Carlos Alberto Montaner para el futuro?

 

R: Pronto publicaré un nuevo libro de ensayos, La libertad y sus enemigos, al que seguirá una recopilación de 100 columnas periodísticas sobre el pensamiento liberal. Después comenzaré a escribir una novela, como dije, en torno a situaciones amorosas muy complejas y delicadas, y, por fin, unas memorias. Hay que comenzar a prepararse para decir adiós.

Muchas gracias

Septiembre 8, 2004.

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