Hoy
conversamos con
Carlos Alberto Montaner
Entrevista de Literatura Cubana
Escritor, ensayista y periodista, Carlos Alberto Montaner
nació en La Habana en 1943. Ha sido profesor universitario y conferencista
en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Ha publicado
más de veinte volúmenes de ensayos y narraciones. Algunos de ellos han sido
traducidos a varios idiomas. Entre sus obras se destacan los ensayos
Doscientos años de gringos; La agonía de América; Libertad, la clave de la
prosperidad; Las raíces torcidas de América Latina; Fidel Castro y la
Revolución cubana; Los latinoamericanos y la cultura occidental; Cuba:
claves para una conciencia de crisis; No perdamos también el siglo XXI y
Viaje al corazón de Cuba; y las novelas Perromundo y 1898: La
trama. En colaboración con Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza,
es coautor del Manual del perfecto idiota latinoamericano y de
Fabricantes de miseria. Semanalmente escribe una columna que se publica
en decenas de periódicos de España, América Latina y Estados Unidos. En 1990
fundó la Unión Liberal Cubana con el objeto de tratar de impulsar la
transición a la libertad y la democracia en Cuba. En 1992 fue elegido
vicepresidente de la Internacional Liberal. Reside en España desde 1970.
Pregunta de la lectora Miriala
Sánchez (Tampa, Florida)
Sr. Carlos Alberto Montaner: Supe
de Ud. por primera vez en Cuba hace 12 años, por un taller de análisis
clandestino que dirigía en la ciudad de Cienfuegos, el escritor y disidente
Armando de Armas. En esos encuentros concluimos que entre los múltiples
factores que llevaron a la pérdida de la República de Cuba está el hecho de
que, contrario a lo ocurrido en el S. XIX, durante el S. XX no hubo en la
isla un pensamiento liberal de derecha, ni siquiera de derecha, mientras las
posiciones de izquierda dominaron, aun inconscientemente, todo el panorama
intelectual. ¿Qué opina Ud. al respecto?
R: En efecto.
Durante nuestro escaso medio siglo de vida republicana no existieron
verdaderos partidos realmente liberales o conservadores, aunque llevaran
esos nombres. Ni José Miguel Gómez tenía nada que ver con Adam Smith ni
Menocal se asomó jamás a Edmund Burke. Eran etiquetas vacías. A partir de
los años veinte el marxismo y el populismo comenzaron a enseñorearse en el
campo político hasta dominar casi todo el espectro ideológico del país. Con
frecuencia, en algunas charlas universitarias, suelo leer en voz alta
algunos párrafos del documento fundacional del Partido Revolucionario Cubano
tras la caída de Machado, sin mencionar la fuente, y les pregunto a los
oyentes quién es el autor de esa prosa incendiaria. Suelen atribuir los
textos al Che Guevara o a Fidel Castro. Se sorprenden cuando les digo que el
autor era el muy burgués Ramón Grau San Martín. En la sociedad cubana había
muy poca gente que comprendiese la importancia de defender los derechos de
propiedad, la economía de mercado y, en general, el Estado de Derecho.
Vivíamos en una atmósfera revolucionaria, convencidos de que algún día
llegaría el Mesías a salvarnos de nuestros pecados.
Por otra parte, considero que es
Ud. el pensador cubano más importante de los últimos 25 años al menos, pero
que al mismo tiempo es un excelente novelista; recuerdo especialmente su
novela Trama (que leímos en el taller que le mencioné al inicio). ¿No
piensa volver a incursionar en el género de la novela?
R: Muchas gracias
por ese generoso juicio, Miriala. Me gusta creer que he contribuido a
reexaminar el origen de nuestras querellas políticas y, muy especialmente, a
desmitificar la dañina visión revolucionaria que padecíamos los cubanos. En
cuanto a la novela, sí pienso regresar a este género. Desde hace años me da
vueltas una complicada historia de amor que quiero contar. Cuando concluya
un par de libros ya comenzados intentaré escribir esa novela.
Pregunta del lector Alberto Lauro
(Madrid, España)
Querido Carlos Alberto, ya sabemos
de su sostenida tenacidad por lograr los derechos civiles que nuestro pueblo
no tiene. ¿Piensa que esta tarea le ha restado tiempo a su obra de ficción,
a su inicial vocación de novelista y cuentista?
R: Querido Alberto
Lauro: por supuesto que sí. Tengo 61 años, y desde los 15 la llamada
revolución cubana me ha mantenido permanentemente ocupado. En gran medida es
muy triste haber dedicado tanto esfuerzo y tiempo a luchar contra un
disparate de ese calibre y contra un dictador como Castro. Extraño mucho los
libros que no he leído o escrito como resultado de esta desgracia colectiva.
A veces tengo la sensación de que nuestra historia, o la historia de mi
generación, es la de un grupo atrapado en una especie de arena movediza, en
una tembladera maldita.
Preguntas de la lectora Laura
Redruelo
Aunque sé que usted ya estaba en
el exilio durante los años noventa, ¿cree que el discurso literario de esa
época (que se publica dentro de la isla) se alejó de las posiciones más
oficialistas para conformarse como un espacio cuestionador del discurso
revolucionario y de la crisis de valores que se vivía? ¿Fue un efecto
directo de las circunstancias del Período Especial?
R: Creo que el derribo del
Muro de Berlín y la desaparición de la URSS fueron un mazazo terrible contra
el marxismo y contra el discurso oficial del castrismo, pero la fatiga con
la ideología oficial era, incluso, anterior. El período especial sólo
potenció lo que se estaba incubando desde que la perestroika apareció en la
Unión Soviética. Autores como Raúl Rivero, Zoé Valdés o María Elena
Cruz-Varela ya habían perdido toda ilusión con la revolución. Luego surgen
voces que expresan, cada una a su manera, un grado inmenso de insatisfacción
con la vida cotidiana en la Cuba post- soviética.
Dice Arturo Arango que existe una
visión limitada del exterior que asume que los escritores cubanos "que
permanecen dentro son, o no tienen más remedio que ser voceros del régimen,
y que si los nuevos no son disidentes es porque están domesticados en las
fórmulas del realismo socialista o marcados para siempre por la
autocensura". ¿Está de acuerdo? Tendría muchas más preguntas, pero no quiero
abusar de la oportunidad. Muchas gracias,
R: Los escritores radicados en
Cuba viven sujetos a un perenne chantaje: si adoptan una actitud crítica van
a la cárcel o al ostracismo. Lo realmente asombroso es la cantidad de
escritores que se han atrevido a enfrentarse a la dictadura, como Raúl
Rivero, Víctor Rolando Arroyo, Manuel Vázquez Portal, Néstor Rodríguez
Lovaina, Tania Quintero y tantos otros que hoy yacen en prisión o debieron
exiliarse. El periodismo independiente es uno de los episodios más heroicos
de cuantos han escrito los demócratas cubanos.
Pregunta del lector J. Miyares
¿Por qué ha abandonado su labor de
narrador? Sus novelas y relatos indicaban una valiosa labor que daba
prestigio a la literatura cubana de siempre. ¿Tiene planes de continuar esa
labor creativa?
R: Realmente no la he
abandonado, sino la he postergado y alternado con el ensayo y el periodismo.
Pienso volver pronto a la novela. "Pronto" es un par de años, dados los
proyectos que tengo pendientes.
Pregunta de la lectora América
Fissolo (París)
Señor Carlos Alberto Montaner,
Distinguido compatriota:
Sigo teniendo mis raíces en Cuba,
aunque llevo cuarenta años en París. Demás está decirle que me encantan sus
talentosos artículos. Mi pregunta es: ¿Responderá usted a los insultos de
ese miserable señor Michael Moore, o a las palabras de Kerry a quien "no
interesa la democracia en Cuba"? Gracias adelantadas por si lo hace y
gracias de todas formas por sus escritos. Reciba mis saludos más cordiales
desde París.
R: Comparto totalmente su
indignación contra Michael Moore por sus insultos a los demócratas cubanos
de la oposición, pero sólo le respondería en un medio norteamericano en el
que la réplica tuviera algún efecto real. Me parece un demagogo de la peor
calaña.
Pregunta de la lectora E. Suárez
Sr. C. A. Montaner, soy cubana y
vivo fuera de la tierra. De las grandes interrogantes que sufro es ésta
acerca de dos escritores que quiero y admiro mucho, Fina G.M. y Cintio V.
¿Qué explicación tiene que esos dos casi santos, inteletuales sensibles,
cubanísimos, y con tantos valores humanos, sigan apoyando la ruta y esencia
del gobierno cubano? Sinceramente me mata que Fina apoye la crueldad, la
injusticia del gobierno y la mediocridad en la que vive el pensamiento
cultural cubano. Gracias.
R: La posición de Fina y
Cintio es inconcebible. Es un matrimonio católico que viene de una tradición
cultural absolutamente contraria a esa versión chancletera del
marxismo-leninismo impuesta en Cuba por Fidel Castro. Es muy difícil
adivinar las motivaciones ocultas de las personas, pero supongo que existe
un elemento de cobardía y oportunismo que explica el radicalismo otoñal de
esta pareja. Si no hubieran apoyado a la dictadura les esperaba el silencio
o el exilio. Han tratado de escudarse en la coartada de un nacionalismo
antiamericano para justificarse, pero es obvio que se trata de una falsa
postura. Realmente, inspiran más pena que otra cosa.
Pregunta del lector Jorge Daubar
Usted declaró en el programa de
María Elvira Salazar que cuando regresara a Cuba, después de la caída de
Fidel Castro, fundaría un partido político llamado Unión del Centro
Democrático. ¿Esto quiere decir que dejará de ser un liberal o que ya no
pertenece a la Unión Liberal Cubana? Muchas gracias de antemano por su
respuesta.
R: No, sigo siendo liberal y
la Unión del Centro Democrático también lo será, pero la idea es abrir un
espacio más amplio para que puedan integrarse otras personas de ese
vecindario ideológico. Algo parecido a lo que han hecho los partidos
populares europeos, donde coinciden liberales, democristianos y
conservadores. Para ser más efectivos hay que abrir el abanico.
Pregunta del lector Ibrahím Soler
(Miami, Florida)
Señor Montaner, lo que le voy a
preguntar, sólo Dios lo sabe con certeza, pero como político experimentado y
filósofo, me gustaría saber cómo y cuándo piensa usted que se producirá una
transición democrática en nuestra patria.
R: Todo parece indicar que la
muerte de Fidel Castro será el punto de partida de una complicada
transición. Tras la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo,
la estructura de poder en Cuba esperaba a que Fidel Castro encabezara los
cambios. Durante el 5to. Congreso del Partido Comunista se convenció de que
Castro era el obstáculo. Ahora los reformistas del gobierno --que son una
mayoría aterrorizada, obediente y silenciosa-- y los demócratas de la
oposición esperan a la muerte de Castro para forjar alguna suerte de
compromiso que posibilite el entierro organizado de la dictadura.
Pregunta de la lectora Teresa
Hernández Álvarez (España)
¿Cómo se puede ser comunista, y
fidelista toda la vida, y de la noche a la mañana, ser un anticastrista
terrible? ¿Cómo se puede llegar a un país extranjero, y tener ese empuje
social en tan poco tiempo, cuando a otros, con mucho más currículo, no se
les abre las puertas como a usted? ¿No cree, que ser una persona tan
variable, es dudoso, o falta de personalidad?
R: La tradición indica que los
conversos suelen ser feroces en la defensa de sus nuevas convicciones. En
general, los anticomunistas más combativos y
eficaces, desde Koestler hasta Semprún, se formaron dentro
de partidos comunistas. En cuanto al eco que encuentran, eso depende de las
relaciones personales, del talento, de la suerte y de los rasgos del
carácter.
Preguntas de Literaturacubana.com
¿Quisiera hablarnos de su niñez,
dónde creció? ¿Sobre su familia?
R: Nací en el seno
de una familia de clase media-media habanera. Mi padre, Ernesto, era un
periodista talentoso, bohemio y desorganizado, vinculado al Partido
Ortodoxo, con más humor que recursos económicos, y mi madre, Manola, una
maestra de escuela pública, doctora en Pedagogía, buena, responsable y
laboriosa. Mi niñez la pasé en la calle Tejadillos, en la Habana Vieja,
junto a dos hermanos muy queridos, en un apartamento alquilado, umbrío y
sonoro, donde todos se enteraban de las miserias de los otros. El matrimonio
de mis padres se deshizo cuando yo tendría unos trece años. Fui un
estudiante poco disciplinado y, con frecuencia, me vi obligado a cambiar de
colegio, unas veces porque me expulsaban, y otras porque nos mudábamos de
casa.
Ahora, ¿quisiera hablarnos de
su juventud, de sus deportes y pasatiempos favoritos?
R: Fui un joven --"¿fue
juventud la mía?"-- extraordinariamente precoz. Comencé a trabajar a los 14
años como visitador de farmacias, mientras estudiaba por las noches en el
Instituto del Vedado. A esa edad me enamoré de Linda, una bella muchacha a
la que conocí en 1957, un atardecer en que en el Club Comodoro de La Habana
pusieron una bomba e hirieron gravemente a unas cuantas personas. Ella
lloraba junto a dos hermanitos pequeños y yo fui, muy caballerosamente, a
protegerla. Nos casamos dos años más tarde, a los 16 años de edad, y desde
entonces estamos juntos. Tenemos dos hijos --Gina y Carlos-- y tres nietas:
Paola, Gabriela y Claudia. En medio del vendaval que ha sido nuestra vida,
hemos sido muy felices.
Naturalmente, todas estas anécdotas personales ocurrieron
con la revolución cubana como trasfondo. Tras un ilusionado comienzo, en
1959, como tantos cubanos, muy pronto descubrí que íbamos hacia una terrible
dictadura, bastante más ineficiente y cruel que la de Batista. En diciembre
de 1960 me apresaron y condenaron a 20 años de cárcel junto a otros
estudiantes. Tuve mucha suerte y pude escaparme de la prisión y conseguir
asilo en una embajada. Salí de Cuba en septiembre 8 de 1961. En realidad,
tuve poco tiempo para practicar deportes o cultivar pasatiempos. Ni siquiera
me es dable recurrir a esa frase manida de "en mis buenos tiempos". No
guardo en mi memoria las imágenes de una época feliz y despreocupada.
¿De dónde le viene la vocación por
la literatura? ¿Y por la política?
R: Creo que mi padre, que era
poeta además de periodista, influyó en mi vocación por la literatura y la
política, aunque con los años anduviéramos por caminos distintos en los dos
campos. En Estados Unidos, finalmente, terminé una Maestría en Literatura, y
esa disciplina fue la que luego enseñé en una universidad en Puerto Rico
entre 1966 y 1970.
Sin embargo, casi todas las conferencias que he dictado en
diversas universidades están más cerca de la política y de la historia que
de la literatura. Por otra parte, en la Cuba que me tocó vivir era muy
difícil esquivar la política.
¿Qué lecturas disfrutó más durante
su infancia y su adolescencia? ¿Cuáles considera que marcaron su vida
intelectual?
R: De muchacho leí con mucho
deleite numerosos libros de aventuras, entre los que no faltaron Alejandro
Dumas y Emilio Salgari, por supuesto. Nuestros padres nos regalaron una
colección de 20 tomos llamada "El tesoro de la juventud" y creo que me los
leí completos. Con el objeto de "reformarnos", a mi hermano Ernesto y a mí
nos internaron en un colegio militar en La Habana, y uno de los castigos era
leer en la biblioteca, algo que me encantaba.
¿Cuál sería su propuesta si el
régimen castrista llegase a un cansancio y qué propone alcanzar mediante sus
muchos artículos en varios medios del mundo en contra del mismo?
R: Mi propuesta sería iniciar
el cambio político por medio de un acuerdo civilizado que comenzara por,
primero, poner en libertad a todos los presos políticos; segundo, permitir
la libre expresión de las ideas; y, tercero, autorizar la libre asociación
política. A partir de esas libertades se desencadenaría una dinámica que
conducirá a la sociedad a una transición pacífica sostenida por métodos
democráticos. No me cabe duda de que sería el fin de la dictadura comunista,
pero ahí llegaríamos sin traumas ni sangre, más o menos como sucedió en
Polonia, Hungría o Checoslovaquia.
Con mis artículos sobre Cuba suelo pretender dos objetivos:
denunciar los atropellos que ocurren en la isla y contribuir a crear las
condiciones para que algún día pueda instaurarse la democracia en Cuba.
¿ Qué libros de autores cubanos
contemporáneos de dentro y fuera de la isla considera que vale la pena leer
por su valor literario?
R: Dentro de Cuba, creo que la
poesía de Raúl Rivero es fundamental. La obra de Pedro Juan Gutiérrez y de
Padura me parecen muy interesantes. Fuera de Cuba hay una infinidad de
autores muy valiosos. Lilliam Moro acaba de ganar un premio en España por
una estupenda novela, En la boca del lobo, sobre un grupo de
balseros. Zoé Valdés es una magnífica novelista, con una fuerza tremenda.
Hay muchos: Carlos Victoria, Reinaldo Bragado, Eduardo Manet, los hermanos
Abreu, Daína Chaviano, Laura Ymayo. Leí recientemente un excelente
manuscrito de Juan Manuel Cao sobre el tema del traidor. Ahora lo publicará
Planeta. Paquito D'Rivera abandonó el saxo por unos meses para escribir un
texto muy divertido. En fin, admiro a decenas de escritores exiliados y me
apena no poder nombrarlos a todos. Si lo hiciera convertiría esta entrevista
en un catálogo inútil.
Entre los diferentes géneros
literarios, ¿cuál es su preferido y por qué?
R: Esa preferencia ha ido
cambiando a lo largo de mi vida. Primero disfrutaba más la poesía. Ya apenas
leo poesía. Luego me apasionó la narrativa. Más tarde, el ensayo político.
Hoy busco el ensayo histórico con mucho interés.
Como todo emigrante, la nostalgia
debe asaltarlo constantemente. ¿Qué es lo que más extraña de Cuba?
R: Seguramente, La Habana. Sus
calles y plazas. Su ambiente.
¿Pudiera describirnos un día
promedio de la vida actual de Carlos Alberto Montaner?
R: Es una vida deliciosamente
solitaria: un par de horas de lectura, cinco o seis frente a la computadora,
generalmente escribiendo o contestando correspondencia, una caminata de una
hora, y luego la cena con algunos amigos.
¿Qué considera importante en su
vida para ser feliz?
R: Llevar a buen término lo
que me propongo, la amistad de unas cuantas personas, el bienestar de mi
familia. En realidad, no necesito mucho para sentirme bien.
¿Cuál es su lugar habitual para
escribir? ¿Necesita condiciones especiales para hacerlo? ¿Tiene algún objeto
fetiche que necesite para escribir?
R: Mi estudio en Madrid es muy
grato. Se asoma a un ventanal frente al Parque del Retiro. No me gusta estar
encerrado. Durante muchos años, tal vez por la vieja costumbre de estudiante
pobre cubano, escribía a mano en un sillón de madera al que le colocaba una
tabla sobre los brazos. A principios de los ochenta me incorporé a la
computadora y abandoné el sillón. Esto suelo lamentarlo cuando me duele la
espalda.
¿Cuáles son, a su juicio, las
ventajas y desventajas, para escribir, que tienen los cubanos que viven
fuera de Cuba, con respecto a los que viven dentro?
R: En realidad, casi todas son
ventajas. En primer término, la libertad de poder decir lo que te plazca sin
miedo al censor y sin sufrir el dolor de la autocensura. Por otra parte, el
número de cubanos exiliados que ha conseguido publicar sus obras en buenas
editoriales internacionales es extraordinario. No hay ninguna literatura
nacional iberoamericana que cuente con tantos autores publicados en España,
Argentina, México, Chile, Francia o Estados Unidos como sucede con los
cubanos exiliados. Jamás la literatura cubana ha despertado tanto interés
como el que hoy suscitan los cubanos exiliados. Los que viven dentro del
país, si son escritores oficiales generalmente interesan muy poco. Si están
frente al régimen, en cambio, como Raúl Rivero, generan una gran simpatía.
Si se mantienen al margen, como Pedro Juan Gutiérrez, también son bien
aceptados. Los que están cada vez peor vistos y sufren una especie de
rechazo instintivo, son los defensores del estalinismo, como Roberto
Fernández Retamar y los otros escritores "orgánicos" del régimen.
¿Cuál es su opinión sobre los
best sellers? ¿Cree que son dañinos para la buena literatura?
R: Por el contrario, los best-sellers
fomentan la lectura, y eso acaba por favorecer a los buenos escritores. A
veces, incluso, como sucede con Vargas Llosa y García Márquez, la buena
literatura se vende y difunde en forma masiva.
¿Ha visitado antes
Literaturacubana.com? ¿Qué opinión le merece?
R: Claro que la he visitado.
Me parece una empresa encomiable. Una verdadera muestra de amor a la cultura
y a la sociedad cubanas.
¿Qué nuevos proyectos tiene en
mente Carlos Alberto Montaner para el futuro?
R: Pronto publicaré un nuevo
libro de ensayos, La libertad y sus enemigos, al que seguirá una
recopilación de 100 columnas periodísticas sobre el pensamiento liberal.
Después comenzaré a escribir una novela, como dije, en torno a situaciones
amorosas muy complejas y delicadas, y, por fin, unas memorias. Hay
que comenzar a prepararse para decir adiós.
Muchas gracias
Septiembre 8, 2004.