Me parece una enorme irresponsabilidad y, sobre todo,
un acto de cinismo que el Gobierno español se
convierta ahora en aprovisionador de armamento de un
gobernante tan conflictivo como Chávez
El ciclo con que la
Fundación para el Análisis y los Estudios
Sociales (FAES) está conmemorando el XV
aniversario de la destrucción del Muro de Berlín
tuvo por protagonista el pasado lunes a Carlos
Alberto Montaner, que pronunció la conferencia
El totalitarismo y la naturaleza humana: cómo y por
qué fracasó el comunismo
(la versión escrita
aparecerá en el próximo número de
La Ilustración Liberal).
Previamente conversó, durante 45 minutos, con el
redactor de Libertad Digital Mario Noya. A
continuación ofrecemos, agrupadas por materias (con
vistas a una lectura más ágil), las declaraciones
del intelectual cubano.
LA ANTIGUA EUROPA COMUNISTA, HOY
– La reconstrucción ha sido más difícil de lo
esperado porque el punto de comparación era erróneo.
Se pensaba que iba a ocurrir algo parecido a la
reconstrucción del bloque occidental después de la
Segunda Guerra Mundial, que fue rápida, fulminante y
muy exitosa. Pero lo que estaba en escombros en el
mundo comunista era el sistema jurídico, la forma de
realizar las transacciones.
Al desaparecer la propiedad privada y la economía
de mercado, se había producido una especie de
colapso general del entusiasmo de la sociedad por la
creación de riqueza y la incorporación al trabajo.
Y eso ha tenido respuestas distintas. En los países
que contaban con un gran capital social y humano –por
ejemplo, Checoslovaquia, Eslovenia, incluso Polonia–
se produjo la reconstrucción de una manera más
eficaz. Por el contrario, allí donde esos capitales
eran más limitados –por ejemplo, en Bulgaria y Rusia–
hubo unos enormes inconvenientes para erigir una
sociedad basada en los valores y principios
occidentales.
Poco a poco van retomando su nivel, y lo probable es
que en la próxima generación los países que en los
años 30 tuvieron un desarrollo científico, técnico,
económico y social avanzado, como Chequia,
Eslovaquia, Eslovenia y lo que fue Alemania
Oriental, alcanzarán un nivel medio dentro de la UE
y dejarán de ser los más pobres de la zona.

–
La desconfianza hacia el Estado es una
característica que cuesta trabajo erradicar de las
sociedades postotalitarias, así como la
desconfianza hacia cualquier discurso político.
Creo que la idea paradójica de que la salvación
vendrá siempre de la mano del Estado –provocada por
esa indefensión a la que condenaron los propios
Estados comunistas a las sociedades– sigue pesando
en pueblos que tienen que adaptarse a la libertad. Y
es que la libertad, en el mundo democrático, incluye
también una cierta carga de incertidumbre y
responsabilidad sobre la propia vida. Eso toma
tiempo.
– Yo creo que se están recomponiendo [los
vínculos familiares y sociales], pero en algunos
lugares después de episodios muy dolorosos, como
cuando se entró en los archivos de la Stasi [policía
secreta de Alemania Oriental] y de otros servicios
secretos y aparecieron esos monstruosos informes de
padres contra hijos, hijos contra padres, hermanos,
amigos... Eso creó una fisura muy difícil de
corregir. Pero los lazos familiares son unos
vínculos tan fuertes que lo lógico es que eso se
reconstruya y la familia vuelva a jugar el papel que
el Estado totalitario intentó que dejara de jugar.
El Estado totalitario, sobre todo el comunista,
es por su propia naturaleza disgregador;
mientras que las sociedades tienden a agruparse,
juntarse, para defender valores e intereses comunes,
la principal actividad del Estado totalitario es la
ruptura de esos vínculos y su sustitución por unos
artificiales que aquél fabrica en los laboratorios
políticos.
LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD
– Durante todo el siglo XX hubo una labor de
demolición de los valores liberales, a cargo
de cualquiera de las variantes del socialismo: el de
derechas, fascista o pronazi, y el de izquierdas,
procomunista, así como de una derecha conservadora
también contraria a los mismos. Entre esas tres
tendencias acapararon prácticamente todo el peso
político durante el siglo XX, sobre todo después de
la I Guerra Mundial.
Es muy difícil recomponer las convicciones
liberales previas a 1914, que incluían un enorme
respeto por la libertad y la idea de que el Estado
de Derecho tenía como principal función la custodia
de los derechos individuales. Ésta era la idea
esencial, básicamente, en el pensamiento político
inglés, con Locke a la cabeza. Todo eso se fue
diluyendo.
Nos
encontramos, a principios del siglo XXI, con un
socialismo desacreditado por la realidad, con
las ideas colectivistas totalmente desacreditadas
por el ejercicio práctico de la experiencia
comunista y de las diversas expresiones del
socialismo, y, en alguna medida, con el fracaso o la
crisis del Estado del Bienestar, que era como la
expresión benévola de las ideas socialistas.
Pero
su reemplazo por el sentido de la responsabilidad y
por las ideas liberales era, es y será muy difícil.
– El principal enemigo de la libertad son las
“ideas zombies” (la expresión es de Ana
Palacio), esas ideas que ya están muertas pero que
continúan circulando entre nosotros, como el
marxismo, por ejemplo. Se desplazan, como si
estuvieran vivas, y afectan sobre todo a los más
jóvenes, porque ofrecen un discurso simplón muy
fácilmente creíble y, por tanto, difícil de
erradicar.
Por otra parte, el hecho de que una idea sea falsa o
disparatada no supone que quede fuera de combate: la
gente sigue creyendo en los ovnis y en las historias
más extrañas y absurdas, y es muy difícil
convencerlas de que sus percepciones son equivocadas,
o de su estupidez.
EUROPA Y LA “PAZ PERPETUA”
– A mí no me preocupa el resultado electoral [en
alusión al referéndum del 20-F]. Aunque la
Constitución de la UE sea muy imperfecta -y ni
siquiera sea una Constitución-, no me parece mal
que Europa se dé un reglamento para manejar los
asuntos importantes entre los 25 países que por
ahora forman la Unión.
Lo
que sí me preocupa mucho es que esa Constitución, si
vamos a creer a Josep Borrell, no está hecha para
lograr la paz perpetua, sino para consolidar un
principio geopolítico anterior a la redacción del
ensayo de Kant –que es de finales del siglo XVIII–:
la idea del equilibrio de poderes, la más
peligrosa y nefasta percepción de los asuntos
internacionales.
Escuché al señor Borrell decir en la televisión que
era importante la consolidación de Europa para
equilibrar el peso de EEUU y China. La idea que este
señor tiene de Europa no es la kantiana de lograr
democracias estables para conseguir la paz perpetua,
sino la de constituir un bloque fuerte para
enfrentarlo potencialmente a EEUU y a China. Ese
disparate es el que provocó la Primera y la Segunda
Guerra Mundial, la guerra franco-alemana de 1871, el
que desencadenó prácticamente todos los conflictos
que destruyeron Europa a lo largo de los últimos 500
años. Es decir, la idea nefasta de que los
poderes den poder, un cierto equilibrio, para
impedir la guerra. Como no hay forma objetiva de
medir ese equilibrio, lo que sucede es que, en
lugar de a la paz perpetua, esa concepción
estratégica nos lleva a la guerra perpetua.
CUBA
– Yo creo que todas las experiencias son
aprovechables. No sólo las del Este, no sólo las de
España y Portugal, también las de Chile, Argentina y
Uruguay. Pero los cubanos sabemos que, cuando se
produzca el cambio en nuestro país, también será
diferente.
Hay una enseñanza especialmente interesante en el
caso español. Se decía que los españoles eran
incapaces de resolver pacíficamente sus diferencias,
y Franco siempre opinó que había unos demonios
familiares sueltos que impedían la convivencia
democrática. Sin embargo, cuando llegó el
momento del cambio se demostró que eso no era cierto,
que podía existir una clase política capaz de llegar
a transacciones que hicieran posible la democracia.
La idea de la inevitabilidad de la violencia se
rompió en España y Portugal.

–
Castro no deja que ningún Gorbachov ni ningún
Yakovlev [ideólogo del proceso abierto por el último
líder soviético] levanten la cabeza: los aplasta,
los extermina. Pero sin duda los hay;
sólo que son como ciertos obispos de la Iglesia:
reformistas
in pectore. No pueden revelar su
verdadera identidad. Seguro que los hay, porque es
una experiencia tan fracasada, tan estúpida, que sin
duda alguna hay mucha gente inteligente que está
incómoda y que quisiera cambiar la realidad cubana.
– Yo no creo que con Castro vivo haya ningún diálogo,
en ningún sentido, pero sí me parece muy inteligente
por parte de Oswaldo Payá plantearlo
como una posibilidad, como un desenlace potencial.
Es un buen mensaje a los reformistas del régimen y a
la oposición, y creo que nosotros, los que estamos
en el destierro, debemos respaldar todas esas
iniciativas: la de Payá, que es la que tiene una
mayor visibilidad en el exterior, pero también
cualquier otra. Marta Beatriz Roque y
Vladimiro Roca están planteando otras fórmulas
democráticas para salir de la dictadura.
Nuestra función no es elegir entre demócratas,
sino arropar a todos los demócratas, hasta que
llegue el momento en que la diferenciación sea
posible y sea posible elegir entre diversas opciones.
Pero ahora nos hace falta practicar una virtud sin
la cual la democracia es imposible: la
cordialidad cívica dentro del campo democrático.
– No creo que el Gobierno cubano deje que se celebre
[la Asamblea que pretende organizar Marta
Beatriz Roque en La Habana, con asistencia de
personalidades extranjeras]. Pero, como en el caso
del Diálogo Nacional de Payá, me parece que
es una iniciativa valiosa y la respaldo: es bueno
que se lleve a buen fin, aunque sé que el Gobierno
cubano no va a permitir que eso suceda. Pero
eventualmente algo así sucederá en Cuba: algún día
habrá asambleas de ese tipo, con invitados como
Walesa, Havel, Gorbachov o Yakovlev, y, por supuesto,
algún día habrá un diálogo nacional entre los
demócratas de la oposición y los reformistas del
Gobierno, y entre todos vamos a reemplazar la
dictadura por un sistema democrático. Cuba no
puede seguir siendo la excepción totalitaria en un
mundo en que el comunismo ya ha desaparecido de
Occidente.

–
Yo creo que
la iniciativa cubana de buscar el fin
de la presión europea, canalizada a través del
Gobierno de Zapatero, tiene un elemento de traición
a los principios y valores democráticos [por parte
de éste]. El planteamiento del Gobierno de
Zapatero no estaba encaminado a debilitar la
dictadura, que es lo que uno esperaría de una
democracia como la española, sino a tratar de
proteger y ayudar a la dictadura cubana en un
momento de descrédito internacional muy grande.
Afortunadamente, la posición de checos y, a última
hora, de alemanes fue muy interesante, porque
impidió, en la redacción final del documento de la
UE, que el Gobierno español dañara de una manera
sustancial los intereses, valores y principios de
los demócratas en Cuba. Lo que se consiguió fue un
tipo de proposición tan incómoda para la dictadura
que el propio Castro la denunció, pero eso no se
debió a la proposición española, sino a la
inteligente mediación de los checos y los alemanes.
Lo que favorece el cambio en Cuba es la posición
frontal y clara de condena a la dictadura: eso es lo
que estimula a los reformistas dentro del país.
Cualquier mensaje ambiguo, como el que España
intentó lanzar, lo que hace es fortalecer la idea de
que no hay un rechazo internacional a las posiciones
del Gobierno cubano y, por lo tanto, hay una especie
de convalidación de ese comportamiento. Por el
contrario, cuando la posición es de condena frontal,
eso estimula a los que defienden el cambio dentro
del país.
IBEROAMÉRICA
– Hay un resurgimiento de diversas formas de
populismo, entre otras cosas porque las ideas de
libertad no calaron profundamente; lo que se
produjo fue la Década Perdida de los 80, una especie
de aceptación del fracaso del populismo pero sin que
ello implicara el triunfo de las ideas liberales.
La excepción es Chile, donde -después del
establecimiento de la democracia y durante 15 años-
diversos gobiernos, entre ellos el socialista, han
adoptado firmemente posiciones liberales, con el
mayor éxito, en el terreno político y económico. Por
eso Chile está a la cabeza de América Latina en
desarrollo económico. Pero hay una especie de
voluntad de no aprender en cabeza ajena: no quieren
aprender en cabeza chilena, y en algunos pueblos
prefieren volver a realizar experimentos que han
fracasado cuarenta veces y que fracasarán en el
futuro.
Yo creo que la próxima década va a ser turbulenta.
El elemento más peligroso es Chávez, porque tiene
una vocación imperial. Es una especie de
napoleoncito caribeño que va a hacer bastante daño
en todo el continente; ya lo está haciendo. Y luego
se van a revitalizar todas esas tendencias
antiliberales, antimercado, antilibertad, que
traerán un mayor nivel de pobreza y crisis para todo
el continente.

–
Una de las muestras de cinismo más lamentables que
he visto en los últimos años fue cuando el Gobierno
de Zapatero le negó los seis viejos aviones
Mirage a Colombia en nombre de la supuesta
voluntad del Gobierno español de no entrar en un
conflicto militar como el que sufre ese país, una
democracia que lucha por mantener sus libertades
frente a las narcoguerrillas comunistas y los
paramilitares.
Sin embargo, ahora le vende seis barcos de guerra a
Venezuela, que sólo pueden tener un objetivo:
Colombia. Esos barcos no son para enfrentarse a la
Marina norteamericana, no son para enfrentarse a
Brasil: el único enemigo posible es Colombia. Me
parece una enorme irresponsabilidad y, sobre todo,
un acto de cinismo que el Gobierno español se
convierta ahora en aprovisionador de armamento de un
gobernante tan conflictivo como Chávez.
LA SEGUNDA ADMINISTRACIÓN BUSH E
IBEROAMÉRICA
– Generalmente Iberoamérica es la zona donde se
ejerce con mayor intensidad lo que los
norteamericanos llaman “benigna negligencia”,
y eso seguirá siendo así en los próximos cuatro años.
Al no existir ya la Guerra Fría, no creo que EEUU
tenga un mayor empeño en tratar de ordenar lo que
muchos latinoamericanos quieren desordenar.
Lo probable es que en los próximos tiempos veamos lo
que hemos visto a lo largo de las últimas décadas: un
mayor interés de los Estados Unidos en los asuntos
europeos, en el Medio Oriente, en Asia. La excepción es
Venezuela, porque ahí hay una especie de
aprovisionador de petróleo que aporta entre el 13 y el
16 por ciento del oro negro que importa. EEUU tendrá que
buscar un reemplazo para esas importaciones o formas de
asegurarse dicho aprovisionamiento