A dónde va América Latina
Mesa Redonda de La Nación, Buenos Aires
Ver también la Nota:
"La
mentalidad revolucionaria nos llevó al suicidio"
Natalio Botana, Carlos Alberto Montaner y Jorge Castro, y
el diputado Jorge Argüello, reunidos por LA NACION, debatieron sobre la
realidad de un continente en estado de ebullición tras la crisis boliviana.
¿Es América del Sur una suerte de volcán en erupción? Si
no lo es, ¿por qué tantos presidentes democráticos han caído en poco tiempo
y, a su vez, por qué sobrevive el régimen de Fidel Castro? En algo
coincidieron, después de la reciente crisis de Bolivia, Carlos Alberto
Montaner, Natalio Botana, Jorge Castro y Jorge Argüello: en la existencia de
una crisis generalizada de gobernabilidad, en la necesidad de que Brasil
supere el escándalo de corrupción que azota al gobierno de Luiz Inácio Lula
da Silva, y en que tanto Brasil como la Argentina deberían tener un mayor
papel en la solución de los conflictos regionales, dado el escaso interés
que despierta la región en los Estados Unidos.
En su libro reciente La libertad y sus enemigos
(Sudamericana) -presentado la semana última en Buenos Aires-, el ensayista y
periodista cubano Montaner plantea una duda. O, acaso, arroja la primera
piedra: "¿Por qué América Latina es la porción más pobre, convulsa y
subdesarrollada de Occidente? Si hay algo que siempre resulta incómodo es
encontrar responsables. ¿Hay culpables directos de nuestro fracaso
relativo?".
La duda, sin ser planteada, surgió en forma espontánea
durante una mesa redonda, organizada por LA NACION, en la cual participaron
Montaner; conocedores agudos de la política internacional como Botana y
Castro, y el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de
la Cámara de Diputados de la Nación, Argüello, también interventor del
Partido Justicialista de Santiago del Estero.
Abrió el fuego Castro, director del Instituto de
Planeamiento Estratégico: "Con la renuncia de Carlos Mesa a la presidencia
de Bolivia -dijo-, ya son 13 los mandatarios constitucionales que en América
del Sur han tenido que renunciar en forma anticipada desde 1989. La cuestión
es la crisis de gobernabilidad. Es decir, el poder político democrático no
está en condiciones de ejercer el poder frente a situaciones de crisis. Las
excepciones han sido Chile, Uruguay y Colombia".
Por regla general, entonces, los presidentes democráticos
de América del Sur corren el riesgo de no terminar sus mandatos. Bolivia,
según Castro, "no es un caso aislado". Convalidó la afirmación Montaner ,
presidente de la Unión Liberal Cubana , vicepresidente de la Internacional
Liberal y autor y coautor de obras en la cuales ha expuesto el problema,
como Manual del perfecto idiota latinoamericano, Fabricantes de miseria y
Las raíces torcidas de América Latina, entre otros. "Forma parte de un mal
endémico latinoamericano que afecta prácticamente a todo el continente y que
tiene una característica gravísima -dijo-. Lo que está en crisis es el
consenso nacional sobre la forma de gobierno, sobre la república."
No menos crítico, Botana, columnista de LA NACION y
profesor universitario que se define a sí mismo como miembro de "la raza
pascaliana, por el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la
voluntad", observó: "América Latina tiene un problema que hace referencia a
los temas básicos de la teoría política. Antes de plantear el tema
republicano, ¿qué tenemos en este momento? Ha habido un paso importante que
la historia medirá: es la instauración de una suerte de democracia
electoral".
Poco antes, Argüello había señalado que el caso boliviano
no es un reflejo de la región, sino del país. Es decir, un caso aislado:
"Nos está proyectando una visión exacerbada del drama latinoamericano
-dijo-. No es de ninguna manera el promedio. Exacerbada, además, por un
conjunto de circunstancias que se están dando en este tiempo y en ese lugar
de modo concomitante".
Pero coincide con crisis similares en otros países.
Castro: Lo que yo
sugiero es que Bolivia no es un caso aislado. No es ni siquiera una forma
extrema de esta crisis de gobernabilidad, aunque sí ha habido una mutación,
en el caso boliviano, de la crisis de gobernabilidad que recorre la región.
Esa mutación consiste en que la crisis ya no afecta simplemente el sistema
político; golpea directamente las bases del Estado-nación boliviano con el
fenómeno de la autonomía, la secesión, la fragmentación en el oriente
boliviano y la conversión de las juntas vecinales de El Alto en organismos
de autogobierno, transformados en una asamblea popular, que desconocen al
Estado boliviano.
Montaner: En el
arco político boliviano hay dos sectores: un sector indigenista, que acaba
por complicar las cosas de una manera terrible, y el sector de Evo Morales,
que es de un radicalismo político marxista-leninista muy elemental, pero
marxista-leninista al fin, que también niega la esencia del Estado
boliviano. Y hay una revitalización de algo que parecía superado: el
comunismo. En 1989 parecía que el comunismo estaba enterrado, pero el primer
síntoma de que no era así me lo contó un amigo que fue a dar una conferencia
a La Paz. Lo esperaban con un letrero que decía: "El comunismo ha muerto,
viva Trotsky". La familia populista es muy extensa, tiene diversos rostros,
conspira contra la eficacia de nuestras repúblicas y se une a esta
contestación creciente contra las formas republicanas de gobierno, contra la
separación de los poderes, la idea de que el Parlamento debe ser el sitio
donde se dirimen los conflictos del país y la existencia de partidos
políticos plurales. Todo lo que conforma la esencia de nuestro estado de
derecho está en crisis y a mí me parece que lo de Bolivia es un síntoma
gravísimo de lo que puede suceder en otros países con otras variantes de
acuerdo con su composición étnica.
Botana: En
América Latina tenemos democracias electorales con insuficiencia
institucional. Es lo que otros autores llaman anomia institucional. Como
quiera que sea, es muy claro que las instituciones no responden. Esto toca
el nivel de los gobiernos, el nivel de los regímenes y, en última instancia,
puede tocar también el nivel de los Estados. En América Latina se vota.
Antes no se lo hacía o se lo hacía mal. De eso no hay ninguna duda, a tal
punto que la posibilidad de un pronto llamado a elecciones descomprime la
situación en Bolivia.
Argüello: Un
analista boliviano usó un concepto fortísimo: se refería a las dos partes en
las que está dividido Bolivia. No a propósito de la secesión, sino del corte
social. Más de la mitad de la población es indigenista y las dos terceras
partes de la población están bajo la línea de pobreza. Por un lado, ve la
existencia de una mayoría que es capaz de poner en jaque al país, de
sitiarlo y paralizarlo pero no de imponerse, y por otro, la de una minoría
que controla el Estado pero, a la vez, es capaz de imponerse sobre la otra
parte. A esto lo llama empate catastrófico. Es verdad que hay otros comunes
denominadores compartidos con países de la región, pero Bolivia, en sí
mismo, está expresando una gravedad singular y también una posibilidad.
¿Cómo evalúan la respuesta ante las crisis de los países
de la región?
-Argüello: El
presidente Mesa ha sido muy ayudado por el presidente Lula, el presidente
Kirchner y el presidente Chávez. En los últimos días de su gestión, Mesa
mandó tres cartas. Debió haber mandado cuatro; no mandó la cuarta porque el
secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José
Miguel Insulza, es chileno. Le mandó una carta a Kofi Annan, otra a Lula y
otra a Kirchner. Y la verdad es que, a diferencia de lo que antes ocurría,
tanto Brasil como la Argentina acudieron a respaldar la institucionalidad en
Bolivia. A diferencia de lo que Carlos (Montaner) planteaba, no creo que
haya una crisis de régimen político, sino una crisis de gobierno. El régimen
político, democrático y republicano, a la manera de ser de América Latina,
sobrevive.
Botana: No es lo
mismo la situación de México, ni aun de América Central, que la situación de
Venezuela o del mundo andino. En Brasil hubo crisis. El punto de partida fue
Collor de Melo; luego vino Fernando Henrique Cardoso. La estabilización de
Brasil es decisiva para América Latina.
Montaner:
Claro... y la moderación.
Botana:
Estabilización en el sentido de la moderación republicana de Brasil. Digo
que es decisiva porque en América del Sur, sobre todo, no tenemos simetría.
La simetría que fue el punto de partida de la integración europea, hoy en
crisis, no existe. Esta es la pura y santa verdad. La Argentina era
simétrica a Brasil en 1937, por señalar una fecha arquetípica en la cual
nuestra renta per cápita era cuatro veces superior a la de Brasil , pero esa
historia pasó. Ahora, la asimetría es muy grande y quiero insistir mucho en
Brasil. Un Brasil moderado, republicanamente hablando, es esencial para la
región.
Castro:
Precisamente por eso tiene tanta importancia la crisis actual de Brasil, que
ha llevado a la renuncia al ministro José Dirceu. Brasil cumple un papel
intransferible en América del Sur, con el agregado de que se da en un
contexto en que la presencia norteamericana no ocupa un papel de primera
línea.
Ese es otro punto: ¿por qué Mesa no le escribió también a
Bush?
Montaner:
Terminada la Guerra Fría, desaparece la voluntad norteamericana de
intervenir en los asuntos latinoamericanos o se debilita mucho. Lo que
piensan los Estados Unidos es que Bolivia es un problema de Brasil y de la
Argentina, no de Washington. La cocaína que se produce en Bolivia va a parar
a San Pablo, no a Nueva York. Ahora es el momento en que los países
latinoamericanos tienen que aplicar una política internacional para
enfrentar ese problema que les afecta porque es prácticamente imposible
esperar una solución o un desenlace provocado por Washington. No va a venir.
No tiene interés primordial. Desapareció.
Castro: Sobre
todo porque, a partir del 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos
redefinieron sus prioridades estratégicas. Y la última región del mundo hoy
es América del Sur.
Montaner: Con una
excepción: que el caos genere territorios sin ley en donde se puedan
insertar grupos terroristas o narcotraficantes que afecten a los Estados
Unidos. Colombia es un caso o esa extraña región entre Paraguay, Brasil y la
Argentina, en donde parece que no hay?
Argüello: Allí
hay una intensa presencia y colaboración de los Estados Unidos con los tres
países. Todo esto tiene un costado bueno, me parece a mí. Y vuelvo a Mesa.
Tengo la impresión de que los países de la región colaboraron en la
inmediatez del tema boliviano de gobernabilidad.
Montaner: ¿Por
qué Mesa no le escribió a Chávez?
Argüello: No sé
por qué no le escribió a Chávez, pero sí sé que jugó un rol muy importante
en la salida institucional de Bolivia. Está la presencia de Evo Morales, por
ejemplo, que pudo haber hecho lo que algunos preveían: instar a la guerra
revolucionaria o al levantamiento cocalero. Y no hizo eso. Fue precisamente
Evo Morales quien indicó, en el primer momento, una salida institucional. Y
Evo Morales no debe de expresar más de un 30 o un 40 por ciento del
electorado. Se da la paradoja ahora de que Mesa está reposicionándose en las
encuestas. Analicemos los otros casos de presidentes que tuvieron que irse
por renuncias, por convocatoria de elecciones anticipadas, por abandono del
gobierno, por juicio político, por corrupción; ninguno reflotó su posición
ante la opinión pública.
La reflotó Mesa en las zonas urbanas. No, al parecer, en
las zonas duras de los cocaleros y los mineros.
Castro: Mesa tuvo
un alto respaldo en sus 19 meses de gobierno. En la semana que tuvo que
renunciar a la presidencia tuvo más de un 60 por ciento de respaldo de la
opinión pública. No parece haber una correlación directa entre respaldo de
la opinión pública y poder político efectivo.
Botana: Cuando
hablábamos de los Estados Unidos recordé una anécdota de un académico amigo
en Europa. Dejemos de lado los problemas de ahora de la Unión Europea.
Veamos el otro lado, el éxito fabuloso como núcleo de incorporación de
países atrasados, como España, Portugal, Grecia, Irlanda y ahora los del
Este europeo. Decía mi amigo que Europa fue protegida por dos potencias
regionales y el problema que ustedes tienen en América Latina es que el
agente protector no es una potencia regional, sino una potencia imperial con
vocación universal. Son los Estados Unidos. Puede no cumplir con su papel de
protector porque sus intereses están en otro lado. Creo que uno de los temas
teórico-prácticos de América Latina, y sobre todo de América del Sur, es
cómo configurar un núcleo de incorporación propio. Lo podrá hacer Brasil o
Brasil con la Argentina.
¿Cuál sería el núcleo?
Botana: En
América del Sur atraviesa el Cono Sur. Va de Brasil a Chile, pasando por
Uruguay y la Argentina. Y ver en qué medida se puede sostener, porque el
problema andino es muy serio. Hay diferencias de naturaleza étnica que acá
no existen. En Brasil tampoco. Son más típicas de Europa del siglo XIX:
pobres y ricos.
Montaner: No hay
memoria africana.
Botana: Muy bien
dicho.
Montaner: Pero
hay otro elemento. Cuando se constituye primero la Comunidad Económica
Europea hay cosas muy claras: para pertenecer tienen que ser democracias. El
elemento clave para que España transitara de un régimen semitotalitario,
pero sin duda autoritario, a una democracia, era Europa. Para integrarse
había que hacer las cosas de cierto modo. El problema de América Latina es
que no están claras las reglas de juego.
Argüello: Se
están gestando. Hace poco, en la reunión de los presidentes del Mercosur, ha
habido dos tipos de declaraciones: una que tiende al resguardo institucional
por medio de una cláusula democrática y otra que consiste en la creación de
un fondo estratégico en el cual los países, por orden de importancia, van a
empezar a hacer aportes a un fondo común que va a ser invertido, a su vez,
según las prioridades. El que menos pone es el que más recibe y así la idea
es llegar a 2010 con un fondo de 2500 millones de dólares.
El Mercosur tiene una cláusula democrática, la OEA tiene
la Carta Democrática y, ahora, acordaron otra cláusula democrática. ¿Por qué
tanto énfasis en ello cuando no hay consenso para otro gobierno que no sea
civil?
Argüello: ¿Y si
al rengo lo vemos caminando? En la crisis casi terminal de Bolivia, más allá
de las reglas, las convenciones y los acuerdos internacionales, la acción
decidida de los presidentes de la Argentina y Brasil contribuyó a que la
salida fuera lo menos traumática posible.
Montaner: ¿Cómo
se conjuga la cláusula democrática del Mercosur con la invitación al
gobierno cubano, una dictadura estalinista, a que forme parte de él? Es una
dictadura y todo el mundo sabe que se violan los derechos humanos, ¿por qué
no se la condena?
Botana: Yo no
invitaría a Cuba si hay una cláusula democrática en serio. Fue la cláusula
democrática en serio, según me dijo Willy Brandt, la que obligó a
democratizarse a los países europeos que no lo eran. Llevar adelante una
política de compromiso diplomático con Cuba puede ser interesante en otros
niveles. No en un proceso de unión como el del Cono Sur, que tiene que estar
basado sobre un consenso democrático muy fuerte, porque, si no, la cosa nos
puede saltar por la ventana. Lo han hecho muy bien Kirchner y Lula; estamos
estabilizando Bolivia.
¿Cómo ven las relaciones con Venezuela? Chávez pudo haber
participado en el final del conflicto en Bolivia, pero se sospecha que
también influyó en el comienzo.
Montaner: En
tumbar a Sánchez de Lozada. Por lo menos, es lo que dice Sánchez de Lozada.
Argüello: El
nivel de defraudación de ese presidente fue aterrador y la incapacidad de
manejar el conflicto también. Pondría como positiva la intervención de
Chávez en la situación boliviana. Lo formal es esencial a la democracia. No
me imagino un sistema democrático funcionando sin que estuvieran presentes
las formas. Pero nuestros países han tenido dificultades en generar en
democracia esa riqueza social que les permita insertarse en las múltiples
redes del mundo globalizado. Esa dificultad alimenta los procesos de
concentración económica, desigualdad social, de inviabilidad de vastas
regiones? Eso que yo defino como riqueza social, estar a la altura de la
evolución del mundo.
Castro: En
América del Sur, el desafío de la democracia como régimen político no
consiste en una opción sistémica, como era la vigencia de la revolución
comunista en la Guerra Fría , ni en un retroceso hacia los golpes militares.
El desafío son estos movimientos de carácter insurreccional surgidos de la
sociedad civil que se generalizan y llegan a derrocar presidentes
constitucionales en situaciones de crisis. Tiene dimensiones sociales y
económicas surgidas de la pobreza y de la marginación, pero es,
esencialmente, un fenómeno político. Han sido la clase media y la clase
media alta de Quito las que derrocaron al presidente Lucio Gutiérrez. Es la
clase media y la clase media alta de Venezuela la que enfrenta, incluso con
medios violentos, a Chávez. El año 2004, en el cual se generaliza y se
profundiza la crisis de gobernabilidad, es el de mayor crecimiento de
América del Sur en 26 años. En Perú, hoy, el presidente Alejandro Toledo
tiene un siete por ciento de respaldo de la opinión pública y el crecimiento
económico es de los más altos de los últimos 10 años.
Esa es la paradoja: ¿nos vendieron mal el modelo o el
crecimiento no siempre está emparentado con la prosperidad?
Botana: Cada vez
es más claro, por lo menos para mí, que la marca de la insuficiencia
institucional es la insuficiencia de la representación política. Cuando
nosotros entramos en ese estado agónico del verano de 2002 teníamos la
convergencia de tres crisis que estallaron al mismo tiempo: una crisis de
representación, una crisis fiscal y una crisis monetaria. Con los gobiernos
de Duhalde y Kirchner, más o menos, hemos campeado la crisis monetaria y
creo que se ha campeado la crisis fiscal, aun cuando podemos discutir si hay
raíces sólidas en esto. Pero en la Argentina persiste la crisis de
representación. No tanto por el lado del partido del gobierno. Uno ve el
panorama de la oposición y es un archipiélago de fracciones.
Castro: Aun
cuando en Chile participan las fuerzas armadas, el gobierno del presidente
socialista Ricardo Lagos actúa, funciona y ejerce el poder a partir de la
constitución sancionada por el gobierno militar.
Botana: Nosotros,
los argentinos, nos hemos intoxicado de alternancia. Chile salió de Pinochet
y no ha alternado. Y si me atengo a las encuestas, la próxima presidenta
pertenecerá a la Concertación.
¿Vislumbran un estadio posterior a la era de los partidos
políticos?
Botana: ¿Qué
quiere que le diga? No lo veo, pero todos los intelectuales dicen que sí,
porque ven en esta era países que sufren dificultades con sus partidos, pero
resulta que los países que han tenido partidos estables desde el siglo XIX
no la sufren tanto.
Argüello: Los
partidos políticos nunca mueren de muerte natural; los mata la realidad.
Estamos en una etapa de transición no sólo en la Argentina, sino en toda la
región, en la cual se reconvierten los partidos. El otro día leía un trabajo
sobre el concepto anglosajón de liberal, que combate el statu quo y trata de
resolver los dramas sociales. En cambio, nuestro concepto de liberal -que
tiene un recetario todo terreno aplicable en cualquier país y en todas las
circunstancias- tiene que ver con la venta de los activos estatales, la
desregulación, esto que muchas veces de modo ligero se asocia con la
globalización. Ricardo Lagos dijo que la globalización es un viento que
recorre todo el mundo, pero tiene que encontrarse con árboles que tengan
sólidas raíces y que puedan resistirlo y convivir con él. De lo contrario,
el viento se lleva todo. El drama de América Latina de los últimos 15 años
tiene mucho que ver con este recetario todo terreno, aplicado en países de
distintas coyunturas. Esta mala aplicación ha agudizado la carencia de
solidez institucional que padecen nuestros países.
Montaner: Eso es
la mala aplicación. Cuando la aplicación es buena, tenemos el caso de Chile.
Cuando la aplicación es regular, como en los países de Europa del Este, nos
encontramos con que los 10 que ingresan en la Unión Europea tienen un
ingreso per cápita más alto que el de América Latina. ¿A qué conclusión nos
lleva esto? ¿Que esas fórmulas funcionan cuando las usan los eslavos, los
pueblos germánicos o los pueblos de origen hispano como España o Chile? La
aritmética es universal. Si tengo un modo de gobierno que ha demostrado su
factibilidad cuando funciona bien, como en Irlanda o en Singapur, quiere
decir que si hacemos las cosas mal, los resultados van a ser malos.
Junio 27, 2005
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