Firmas Press
toolbar.gif (493 bytes)

Creada hace veinte años para servir a la prensa de habla española:
grandes columnistas, artículos de interés general, caricaturas, pasatiempos...

La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

Cam.jpg (6536 bytes)

“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


buscar2.gif (405 bytes)


buscar.gif (308 bytes)


© Firmas Press. Prohibida la reproduccion de los artículos que aparecen en este medio, sin consentimiento escrito o electrónico de Firmas Press.

 

  513-line.gif (245 bytes)

El error chino

Carlos Alberto Montaner

Madrid -- Ha sido asombroso. En el curso de apenas una década trescientos millones de chinos han abandonado la pobreza gracias a la globalización. La transferencia de tecnología, las inversiones extranjeras y el intenso comercio exterior han realizado el milagro. La humanidad no había conocido un fenómeno semejante en toda su historia. Nunca antes una masa humana de esas proporciones había pasado de la indigencia a integrar los niveles sociales medios en un periodo tan breve.

La bien pensada observación se la debemos al periodista argentino Claudio Escribano. Sin embargo, ese espectacular desarrollo de los chinos puede terminar en el mayor de los desastres si la cúpula dirigente, al fin y al cabo formada dentro de la dogmática rigidez marxista, continúa insistiendo en el inmenso error de producir como capitalistas modernos, pero sin dejar de comportarse como comunistas viejos. Eso explica que desde hace un tiempo algunos jerarcas del partido, en lugar de acudir al mercado, estén dándole la vuelta al mundo con una chequera en la mano para ''asegurarse'' fuentes de abastecimiento de materias primas capaces de surtir a una inmensa maquinaria económica que crece al ritmo anual del 10 por ciento, lo que encarece artificialmente los precios. Y eso explica --y esto es mucho más grave-- que sus presupuestos militares se eleven anualmente a noventa mil millones de dólares dedicados a crear una peligrosa fuerza ofensiva repleta de misiles intercontinentales y bombarderos de largo alcance.

Esta conducta revela que para los jerarcas del partido las materias primas son percibidas como un botín que debe ser acaparado por las naciones poderosas, mientras deja en claro que no han abandonado del todo la guerra fría. Todavía sostienen una absurda relación adversaria en el terreno militar contra Japón, Europa y Estados Unidos, obsesionados con Taiwan, como si esa minúscula isla de apenas 36,000 kilómetros cuadrados, 23 millones de laboriosos habitantes y algo más de quinientos mil millones de dólares de producción anual, pudiera ser una amenaza para China y no lo que realmente es: una productiva fuente de capital y tecnología que beneficia tremendamente al territorio continental.

Es como si la clase dirigente china no se diera cuenta de que al renunciar al modelo comunista, abrazar la economía de mercado e internarse decisivamente en el camino de la globalización dejó de tener sentido la visión de conquista y destrucción de los ''enemigos internacionales de clase'' identificados por Marx y Lenin en sus escritos más agresivos y delirantes.

China no aprendió la lección de Japón, hoy la segunda economía del planeta, cuyos dirigentes, después de 1945, comprendieron perfectamente que el secreto del desarrollo sostenido era colaborar pacíficamente en todos los órdenes con el primer mundo, mientras se competía fieramente en el mercado abierto a base de talento, creatividad, precios y calidad creciente, porque eso que llamaban ''mundo occidental'', al que se adherían firmemente, no le cerraba las puertas a ninguna nación que respetara las reglas de juego, como posteriormente comprobaron Singapur, Corea del Sur, España, Irlanda y otra docena de países exitosos.

Según los expertos en asuntos militares, dentro de una década China tendrá la capacidad de enfrentarse militarmente a Estados Unidos y a la OTAN con algunas posibilidades de vencer en la batalla. Y en los cálculos siniestros que hacen los estrategas, esa victoria podría lograrla con ''apenas'' quinientos millones de muertos, cien ciudades carbonizadas y ochocientos millones de supervivientes.

Lo que no dicen los estrategas es qué ganaría China con reinar sobre una bola llena de escombros radioactivos en que se convertiría la Tierra. ¿A quiénes les van a comprar y vender? ¿Dónde van a estar los clusters científicos para impulsar el progreso? ¿Es posible que la dirigencia china, pese a su propia experiencia reciente, no haya advertido que la prosperidad, el desarrollo y los avances científicos que pueden beneficiar a su pueblo provienen de la colaboración y la interconexión internacional y no de la destrucción de otras sociedades cargadas de creatividad y riqueza? ¿Es posible que a estas alturas de su propia historia no perciba que el mejor negocio para su superpoblado país --una quinta parte de la humanidad-- es que las otras cuatro partes --incluido Taiwan-- sean socios ricos con los cuales multiplicar todo tipo de transacciones? Cuando el modo de producción de China era el comunismo, resultaba natural que los gobernantes en Pekín se aferraran a los disparates de Marx. Pero si han abrazado el capitalismo, es hora de que comiencen a leer seriamente a Adam Smith antes de que destrocen inútilmente el planeta en que vivimos todos.

Julio 24, 2005

Imprimir esta página

  dot-clear2.gif (55 bytes)
dot-clear.gif (545 bytes)