El socialismo del siglo XXI
Carlos Alberto Montaner
Chávez está de parto. Ha dicho que
su país está pariendo el socialismo del siglo XXI. ¿Qué es eso?
Expliquémoslo. La televisión cubana internacional mostró recientemente a un
grupo de risueños oficiales venezolanos. Los dirigía el general de brigada
Eduardo Centeno, director de la Escuela Superior del ejército de Venezuela.
Aparentemente, estaban en Cuba para presenciar las maniobras de unos viejos
tanques soviéticos listos para derrotar al imperialismo yanqui y para
agasajar y ser agasajados por Fidel Castro en una ceremonia castrense en la
que se intercambiaron regalos y consignas revolucionarias. En un momento
dado, los militares venezolanos cantaron el himno emocionados.
Es difícil pensar que los
militares venezolanos realmente se impresionaron con los ejercicios de sus
camaradas cubanos. El ejército cubano es hoy un cascarón vacío, con armas
herrumbrosas, sin marina, y con una aviación destartalada reducida a un par
de escuadrones Migs caros y difíciles de mantener en el aire. Las tácticas
que les enseñaron los soviéticos fueron las que no sirvieron para
enfrentarse a las guerrillas afganas en los setenta y ochenta, en
contraposición a lo que ocurrió con la posterior expedición norteamericana:
en pocas semanas la resistencia de los talibanes fue totalmente liquidada.
Pero hay otra lección que
seguramente fue más provechosa para los oficiales venezolanos: comprendieron
exactamente en qué consiste el modelo cubano, ese socialismo del siglo XXI
que el teniente coronel Chávez se está sacando de sus entrañas. Se dieron
cuenta de que en Cuba la estructura de la autoridad consiste en un dictador
en la cúspide, rodeado de militares que detentan el poder político, el
control de las fuerzas represivas y la dirección y administración de las
grandes empresas productivas. En Cuba los militares son la cabeza, el
corazón y el estómago del sistema, mientras la sociedad no es otra cosa que
fuerza trabajadora barata y dócil al servicio de sus caprichos e intereses.
El sistema, naturalmente, se envuelve en un discurso patriótico-nacionalista
dotado de un fuerte contenido ético, por el que se asegura la defensa de la
soberanía y la dedicación febril a la redención de los humildes, pero esa no
es más que la gran coartada: pura cháchara.
Supongo que a muchos militares
venezolanos les gustó lo que vieron en Cuba. Han encontrado la fórmula de
colocarse a la cabeza de la pirámide social y, además, de sentirse los
héroes y protagonistas de una gloriosa hazaña histórica. Chávez los llevará
por la senda de los privilegios, la riqueza y la supremacía social. Cuando
el sistema se consolide ellos constituirán la casta dominante, vivirán
espléndidamente, mejor que el resto de los venezolanos, y serán temidos y
respetados como sucede con los altos oficiales cubanos. Nadie podrá
criticarlos públicamente, y el que lo haga en privado podrá ser acusado de
desacato ante tribunales en los que otros severos militares dictarán
sentencia. Serán inmunes e impunes. En Cuba, por ejemplo, el general
Universo Sánchez asesinó a un vecino por una disputa trivial y no sufrió
otro castigo que una ligera amonestación. La prensa cubana, por supuesto, no
registró el suceso y los corresponsales extranjeros ni siquiera se
atrevieron a tratar de entrevistar al notorio criminal o a la familia de la
víctima.
El socialismo del siglo XXI es eso:
una mezcla de dictadura caudillista, colectivismo y militarización de las
estructuras de poder. Poco a poco, las tenazas autoritarias irán apretando a
la sociedad venezolana hasta doblegar a la prensa, aplastar al sindicalismo
libre, controlar los centros de enseñanza y silenciar a la Iglesia y a otras
fuerzas de la sociedad civil. Chávez todavía no tiene prisa por apoderarse
de las grandes empresas, dado que recibe y administra como le da la gana los
enormes ingresos del petróleo, pero todo se andará a su debido tiempo.
¿A dónde conducirá este eje
Cuba-Venezuela? Dados los arrebatos constructivistas de Chávez, que no para
de reorganizar el mundo de acuerdo con sus espasmos creativos, es muy
probable que en algún momento intente lanzar una confederación entre los dos
países, pero sólo como un primer paso en dirección de ese engendro
multinacional bolivariano que le ha crecido como un tumor debajo de la boina.
La confederación luego puede ir clonándose dulcemente con la incorporación
de otros amiguetes de la ilusionada cuerda revolucionaria: Evo Morales en
Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, algún aventurero que aparezca en
Ecuador o en Perú y alcance la presidencia por medio de unos electores
idiotizados por el populismo y la ignorancia. El asunto es bastante sencillo:
ya tienen el modelo y el discurso. Una vez en el poder, los militares
construyen los calabozos y todos a navegar hacia el mar de la felicidad,
como Chávez alguna vez definió la experiencia cubana. Ese es el socialismo
del siglo XXI.
Agosto 8, 2005
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