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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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Ecuador: el neopopulismo contra el dólar

Carlos Alberto Montaner

Parece que los ecuatorianos van a elegir a Rafael Correa como su próximo presidente. Es joven, carismático, economista graduado en una buena universidad norteamericana, bien parecido, inteligente, y se comunica muy bien con las masas. Hace años lo conocí fugazmente en la Universidad San Francisco de Quito, adonde había ido a dictar unas charlas. Creo que me hizo una grata impresión en el terreno humano. Ahora, si los sondeos no se equivocan, está a punto de ocupar el Palacio de Carondelet, la vieja mansión presidencial quiteña.

Lo probable es que, pese a sus notables rasgos personales, el profesor Correa fracasará estrepitosamente y arrastrará al país en la caída. Tiene, como muchos de sus compatriotas, las intenciones correctas, pero se equivoca irremediablemente en la terapia. Es verdad que en Ecuador una buena parte de la población es miserable, y no yerra cuando afirma que las instituciones están podridas, la corrupción es rampante y una buena parte de la clase dirigente ha hecho o mantiene su riqueza por sus vínculos cortesanos con el poder.

Todo eso es cierto, pero estos viejos y endémicos males no se solucionan rechazando los tratados de libre comercio con Estados Unidos, exacerbando los conflictos étnicos, riñendo con el Banco Mundial y el FMI, colocando a Ecuador en la órbita enloquecida de Hugo Chávez y proclamando tonterías como la búsqueda de la ''soberanía alimentaria''. Por ese camino, el señor Correa creará otros graves problemas y sólo conseguirá empobrecer aún más a sus compatriotas, estimular la emigración en masa de los trabajadores más audaces y laboriosos, ahuyentar los capitales, aumentar el desempleo, frenar las inversiones nacionales y extranjeras, reducir sustancialmente la recaudación fiscal y crispar la vida pública hasta el punto de provocar graves brotes de violencia.

En realidad, en Ecuador no es sorprendente que un político con semejante programa disparatado llegue al poder. No es una casualidad que sea el país de América Latina donde la dictadura cubana cuenta con más simpatizantes. Las encuestas periódicas de Latinobarómetro invariablemente muestran a una sociedad en la que hay un altísimo porcentaje de personas partidarias de un Estado paternalista, antimercado y antiamericano. El anterior presidente electo, Lucio Gutiérrez, ganó las elecciones a principios del 2003 elegido por una mayoría de votantes que esperaba que pusiera en marcha un gobierno neopopulista, algo que, sin embargo, se resistió a hacer, acaso porque estaba bien asesorado, o tal vez por cierta prudencia natural. Sin embargo, veintisiete meses más tarde, por razones fundadas en las rivalidades políticas, fue depuesto por el parlamento, y es hoy Alfredo Palacio, su vicepresidente, acosado por la impopularidad, quien terminará el mandato y le entregará la banda presidencial a Correa para que lleve a cabo la tarea que Gutiérrez esquivó.

No obstante, lo predecible es que Correa también fracase y el obstáculo más importante lo encontrará en el dólar. Llegará al poder con una economía dolarizada, camisa de fuerza que el Estado tuvo que colocarse en el año 2000 a regañadientes porque era incapaz de sujetar la hiperinflación y la consecuente devaluación galopante del sucre. Y como Correa sabe que una economía dolarizada es incompatible con el modelo populista y asistencialista que sueña con implantar, seguramente intentará quitársela reintroduciendo un nuevo signo monetario nacional que le permita hacerle frente a un aumento brutal del gasto público mediante el sencillo expediente de contar con una incansable máquina dedicada a imprimir dinero cada vez que las arcas del tesoro estén medio vacías.

Pero esa reforma inflacionista, absolutamente indispensable si se propone echar las bases de un gobierno neopopulista de corte chavista, provocará un desbarajuste económico incontrolable que lo enfrentará a casi todo el gremio empresarial, a los acreedores y a los otros partidos políticos, desatando una crisis institucional aún más grave que las que provocaron la destitución de los tres anteriores presidentes. En efecto, Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez fueron violentamente sustituidos por sus vicepresidentes, o por alguien designado por el Congreso, aunque es difícil que en esta oportunidad el vicepresidente seleccionado por Correa sea el que ocupe su lugar. Se llama Lenin Moreno y su nombre no es precisamente un augurio tranquilizador para quienes querrán controlar los desórdenes que se avecinan. Ecuador, pues, marcha a paso rápido hacia el despeñadero. Esa imperfecta república y la frágil democracia que le da forma y sentido penden de un hilo. La convulsa historia del país sugiere que algún militar en su momento lo cortará de un tajo. Eso, si ocurre, será muy triste. Será volver a empezar un ciclo trágico.

Octubre 1ro., 2006

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