Entrevista a
Carlos
Alberto
Montanter
“Una vez que se dé el primer paso, en 18 meses todo habrá
cambiado en Cuba”. En el curso de una generación Cuba estará junto a Chile a
la cabeza de Latinoamérica”, asegura el periodista y escritor desde su casa
en Miami.
Renato García Jiménez
Diario Financiero, Santiago de Chile. 14 de agosto de 2006
El periodista y escritor Carlos Alberto Montaner habitualmente pasa estos
meses del año en su residencia de Madrid. Sin embargo, hoy está instalado en
la casa de su familia en Miami. Uno de los intelectuales cubanos en el
exilio más reconocidos no podría asistir desde lejos al momento histórico
por el que atraviesa su país, luego de que por primera vez en casi 50 años,
Fidel Castro entregara el poder.
Con la reputación de ser uno de los líderes anti-castristas más equilibrados
y brillantes, asegura que el colapso del régimen comunista ya comenzó y que
en un corto plazo, su patria conocerá un renacimiento económico y social. -
Usted asegura que el fin de la dictadura cubana ya comenzó. ¿Pero cómo
imagina que va a ir desarrollándose ese proceso?
- Todo ocurrirá igual como ocurrió en la Unión Soviética cuando Gorbachov
levantó el teléfono para hablar por primera vez con los líderes de la
oposición. Al hacerlo, reconoció que existía una oposición legítima y,
cuando eso ocurre, se establece un juego dinámico, que actúa como un factor
de aceleración. En pocos meses, se crea el escenario para el diálogo y para
definir un calendario de consulta electoral. Existen tantos procesos de
transición como países que los intentan. No hay dos iguales y, al mismo
tiempo, todos tienen varias características comunes, como la necesidad de
sentarse a una mesa a dialogar y establecer un calendario de consulta
electoral. La experiencia me dice que una vez que se dé el primer paso, en
18 meses todo habrá cambiado en Cuba. Y no tengo ninguna duda de que si esto
se hace dentro del sosiego y sentido común, en el curso de una generación
Cuba estará junto con Chile a la cabeza de Latinoamérica, porque tiene el
capital humano y económico para hacer este cambio y porque tendrá el mercado
de Estados Unidos. No por un exceso de generosidad de Estados Unidos, sino
por la necesidad que tiene Washington de estabilizar la situación para que
no se produzca una migración descontrolada.
- ¿Qué papel espera que jueguen los cubanos exiliados en este proceso?
- Existen dos millones de cubanos en Estados Unidos. Según el último censo,
su nivel económico y educacional supera a la media blanca norteamericana. Y
aunque son sólo 2 millones de los casi 40 millones de hispanos que viven en
Estados Unidos, tienen 56% de las mil empresas más prósperas de la comunidad
hispana en ese país. Y ellos van a ser una verdadera hélice para la economía
cubana. Pero, además de eso, va a haber una gran cantidad de cubanos que van
a tener dos casas: una en Cuba y otra en La Florida. Hay que recordar que La
Habana está más cerca de Miami que la capital del estado, Tallahassee. La
Habana está a 20 minutos de vuelo de Miami, que se va a convertir en la
provincia más rica de Cuba. Ya hay empresarios cubanos con planes para poner
enormes barcos-hoteles, donde los pasajeros podrán embarcar a las once de la
noche en Miami y amanecer en La Habana.
- ¿No teme una resistencia violenta dentro de Cuba de los sectores ligados
al partido comunista?
- El partido comunista en Cuba tiene una cultura burocrática y hace muchos
años que ya nadie siente convicción ideológica. Basta recordar esa cosa
maravillosa que ocurrió con el Partido Comunista en la Unión Soviética, que
se disolvió por decreto y 20 millones de personas entregaron sus carnés y se
fueron tranquilamente a sus casas sin protestar. El partido había dejado de
ser una convicción arraigada, tal como ha dejado de serlo en Cuba. Es verdad
que un porcentaje de gente puede tratar da cavar trincheras, pero serán los
menos. - También la actitud de los cubanos en el exilio ha cambiado ¿no? -
Ha habido una evolución. A lo largo de su historia, los cubanos sólo habían
conocido cambios a través de convulsiones políticas. Revoluciones que
triunfaban o que fracasaban, pero revoluciones violentas. En los años ’70
apareció un nuevo esquema en la historia del mundo, que era la lucha por los
derechos civiles, una nueva forma de enfrentarse a la dictadura y eso caló
hondo en los cubanos, incluso desde dentro de las mismas cárceles. Y ha
terminado por prevalecer. Se siente una fatiga con la revolución y con la
idea de que la libertad se gana con la violencia.
- ¿Qué papel ha jugado el nacimiento de nuevas generaciones de cubanos en
el exilio en ese cambio de actitud?
- Recientemente tuve una experiencia personal muy impresionante en ese
sentido, cuando asistí junto con mi hija, que prácticamente nació en el
exilio, y mi nieta, que sí nació en el exilio, a un evento en la Universidad
de Princeton. Ahí había tres generaciones que sienten un vínculo muy fuerte
con Cuba, pero lógicamente de distinto grado. El evento había sido
organizado por jóvenes cubano-americanos, que al igual que mi nieta asisten
a algunas de las mejores universidades del país, y aunque el tema que se
discutió fue cómo podían apoyar a la causa de la libertad de Cuba, durante
la reunión prácticamente nadie habló en español y eso fue algo muy especial.
-
¿Y dentro de Cuba?
- Dentro de Cuba pasa exactamente lo mismo. La última generación que
participó de la revolución, que tenía quince años en esa época, ya va de
salida. Y una cosa que se ha ido perdiendo con ellos -y que me parece muy
bueno-, es esa visión heroica de la Historia, de que la única Historia
importante es la que se hace disparando. Los cubanos hoy ven esa idea con
cierto cinismo y sienten escepticismo ante este tipo de epopeyas.
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