El fantasma de Guernica
Carlos Alberto Montaner
El gobierno regional vasco quiere que el
gobierno de España pida perdón por el bombardeo de Guernica ocurrido el 26
de abril de 1937 durante la guerra civil. Guernica era entonces --y lo sigue
siendo-- un pequeño pueblo, no muy lejos de Bilbao, de apenas 5,000
habitantes. Hubo unos 150 muertos y el 70% de las edificaciones resultaron
afectadas por la acción de los aviones alemanes, aliados de Franco durante
el conflicto. Supuestamente, el propósito era destruir dos fábricas de
armamento y cierto puente, pero esos objetivos no fueron tocados, lo que
hace suponer que los alemanes deseaban probar sus nuevos aviones militares,
convencidos de que en breve se desataría la Segunda Guerra. El gobierno de
la república española utilizó el episodio como arma propagandística y pronto
Pablo Picasso pintaría ''el Guernica'', un impresionante mural en
blanco y negro lleno de violencia y de caballos espantados, tal vez el
cuadro más famoso y admirado del siglo XX.
¿Qué busca el gobierno vasco con esa pretendida
disculpa? El bombardeo de Guernica no fue peor que otro centenar de
monstruosidades cometidas por los dos bandos durante los tres años de guerra
civil. Aquellos hechos, ocurridos hace siete décadas, borrosos y casi
desconocidos por los españoles de hoy, sucedieron en medio de un conflicto
provocado por las tensiones entre fascistas, socialistas, comunistas y
anarquistas, típicas de una época en la que la democracia liberal y el Estado
de derecho habían desaparecido en casi todo el continente europeo (y en
América Latina).
¿Por qué el gobierno de esta España democrática y
pacífica, que apenas recuerda la guerra civil, tiene que pedirle perdón a los
vascos? ¿A cuáles? La mitad de los vascos se adhirieron al bando nacional, el
de Franco, y fueron aliados de los alemanes. ¿Se le pide perdón a la otra
mitad? ¿Y por qué los vascos no les piden perdón a los españoles por las tres
devastadoras guerras carlistas del siglo XIX que retrasaron tenazmente la
modernización del país? Puestos a pedir perdón, ¿no sería más razonable que el
gobierno vasco le pidiera perdón al resto de los españoles por el millar de
asesinatos cometidos por ETA?
La única lección transparente que se desprende de
las guerras es que la solución violenta de los conflictos siempre conduce a la
barbarie y saca a flote toda la crueldad que anida en el corazón de los seres
humanos. Peor que Guernica fueron los asesinatos en masa de prisioneros
políticos, el tiro en la nuca a los sospechosos, las torturas a los cautivos
de ambos bandos. ¿Por qué los nietos de aquellos españoles tienen que asumir
las culpas de unos abuelos crispados por el odio a los que les tocó vivir en
una época siniestra que los llevó al abismo?
En 1971, un entonces muy joven psicólogo
norteamericano, Philip G. Zimbardo, llevó a cabo en la Universidad de Stanford
un experimento escalofriante que hoy se llamaría un ''juego de roles''.
Seleccionó al azar a 23 estudiantes y les pidió que durante varios días unos
hicieran de carceleros y otros de presos. Lo que sucedió fue tremendo: muy
rápidamente los carceleros comenzaron a maltratar a los presos, mostrando una
total falta de compasión, hasta un punto en el que hubo que suspender la
investigación ante el temor de que algún estudiante resultara severamente
lesionado.
La conclusión era obvia: no hay ningún mecanismo
psicológico que inhiba la brutalidad sin límites de los seres humanos cuando
no hay reglas claras e instituciones que los contengan. El dulce panadero de
la esquina, o la risueña farmacéutica, pueden convertirse en máquinas de hacer
daño si las circunstancias lo propician. No hay que perder el tiempo
reivindicando unas víctimas que no lo han pedido. El único homenaje sensato es
cuidar el Estado de Derecho para que Guernica no vuelva a producirse.
Mayo 7, 2007
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