Hay que volverse a enamorar de la Patria
Entrevista
a Carlos Alberto Montaner por
María Ángeles Octavio
Jueves, 9 de agosto de 2007
Carlos Alberto
Montaner hace un tiempo presentó un libro que se llama La libertad y sus
enemigos, editado por Sudamericana. Montaner nació en La Habana, Cuba en
1943. Es escritor y periodista. En este libro desarrolla las claves del
pensamiento liberal, describe las causas del subdesarrollo latinoamericano y
refuta las creencias de la muy arraigada tendencia populista en nuestra
cultura. En aquella oportunidad conversé con él sobre estos temas.
¿Existe la
libertad?
Sí, claro que
existe.
¿Considera
usted que el concepto de libertad es subjetivo?
Hay un
elemento de la libertad que es objetivo y es la toma de decisiones: la
cantidad de cosas que uno puede hacer bajo su propia voluntad, lo que va a
estudiar, adónde va a vivir, qué va a hacer con su vida, a quién va a
tratar, dónde va a depositar sus afectos. En sociedades totalitarias todo
eso es controlado. En Cuba se llegó al extremo de decretar el odio a
aquellos miembros de la familia que se fueran del país. Este es un primer
paso. El siguiente será peor, pues involucrará la interrupción hasta de las
relaciones familiares de todos aquellos que muestren un grado de desafecto
por el gobierno. Cuando la capacidad de tomar decisiones no se puede ejercer
ni siquiera en el terreno afectivo, estamos en presencia de una dictadura en
su peor expresión.
¿Cuáles son
los síntomas que usted percibe del régimen que se está instalando en
Venezuela?
El más
evidente de todos es el hecho de que una sociedad coloque en un caudillo
iluminado la dirección del país. Ya no son las instituciones, ya no son las
leyes, ya no es la voluntad de los individuos, es la voluntad de un señor
que es el que dirige, no sólo su vida, sino la vida de todos los
venezolanos.
“El estado ha
sido concebido para el individuo y no a la inversa…Valorar el ejercicio de
la libertad individual…para lograr los mayores niveles de de progreso”.
C.A.M.
Es un hombre
que decide qué van a hacer los venezolanos, no en los próximos seis meses,
sino en los próximos treinta años. Ése es el camino de la destrucción de la
riqueza venezolana, de la infelicidad total de la sociedad venezolana.
Chávez adoptó
un rumbo que al final conduce al mismo sitio: apoderarse de todas las
instituciones del estado, de todas las instituciones de la república,
adulterarlas y ponerlas a su servicio. En el momento en que ya tenga el
control de los tribunales, cerrará y dominará por completo el sistema
parlamentario, el poder legislativo y en tercer lugar, controlará los medios
de comunicación mediante una combinación de extorsiones e intimidación, o
simplemente la confiscación, para aumentar los niveles de atropello y
represión a la sociedad, y no habrá manera de defenderse de eso.
¿Por qué le
sucede esto a una sociedad como la venezolana?
Toda sociedad
por más libre que parezca puede ser sometida. No se puede apoyar la idea
ingenua de que hay sociedades que por su propia naturaleza psicológica no
pueden ser sometidas por un régimen totalitario. Ésta es una idea absurda.
Los regímenes totalitarios se han implantado en sociedades eslavas,
germánicas, latinas, cristianas, católicas, asiáticas, budistas, es decir,
en prácticamente todas las modalidades que nosotros conocemos como
sociedades organizadas. Los venezolanos no son diferentes a los cubanos. Son
pueblos muy próximos, muy parecidos en su composición étnica y en su visión
de la vida. Los cubanos pensaban que era imposible que esa sociedad
divertida, rebelde, levantisca, con una historia de insubordinación frente a
los atropellos, podría ser sometida por un régimen totalitario. Ocurrió todo
lo contrario: Cuba se entregó. Llegó un momento, después de los primeros
cinco o seis años en donde la resistencia se fue apagando y se fue
construyendo una sociedad estabulada. Las instituciones del estado eran
establos donde colocaban a las personas en los distintos estamentos de la
producción o de los estudios, de las fuerzas armadas, la jubilación, con un
único propósito, la obediencia a la estructura de mando vertical que venía
desde la cabeza, que en este caso, por supuesto, era Fidel Castro como en
Venezuela es Hugo Chávez.
¿Qué pasa
con toda esa oposición que disiente de esta revolución en Venezuela?
Está en un
proceso de acomodarse a una realidad política. Creen que no la pueden
cambiar. Se produce una actitud terrible que es la actitud de que “algo
tiene que pasar”, algo tiene que cambiar, pero el esfuerzo para hacer el
cambio y para tratar, efectivamente, que las cosas cambien, lejos de tener
cada vez más adeptos, cada vez tiene menos.
¿Por qué
perdió su legitimidad esta oposición?
La verdad es
que la oposición de alguna manera defraudó a la sociedad venezolana. Y es
triste, porque lo que viene es terrible. La implantación del totalitarismo
es una cosa dura, es una experiencia monstruosa de calcutización de la
realidad. La estética de los cerritos se va a convertir en el modo de
convivencia nacional. Hay una subversión de los valores que va desde la pura
concepción estética material hasta las relaciones intrapersonales.
Desaparecerá la verdad como fundamento de la condición humana. Ése elemento
clave en el que una sociedad sana descansa bajo la autoridad de la verdad y
la gente dice lo que piensa. Cada venezolano empezará a experimentar una de
las peores cosas del totalitarismo: la disonancia. Creer una cosa, decir
otra y hacer una tercera. Vivirá en esa mentira como en todas las sociedades
totalitarias. Como la verdad impuesta es algo ortopédico, que no tiene nada
que ver con la realidad, fuerza a un cierto comportamiento. La consecuencia
de eso es la adopción del discurso del que te hace daño para poder
sobrevivir, pero simultáneamente, produce un gran malestar saber que estas
mintiendo para sobrevivir. Ese malestar psicológico no es una abstracción:
es algo que se interioriza y que genera en las personas una actitud terrible
de inconformidad, de decepción, de descreimiento. Muchos de los valores y de
las cosas positivas que había en la sociedad venezolana, como la
espontaneidad, como la solidaridad, van a desaparecer.
¿Qué pasa
con las nuevas generaciones?
Las nuevas
generaciones serán las más distantes y las que tendrán mayor separación
ideológica del régimen. Estos regímenes se fundan en la mitología de los
hombres especiales, llámese Castro o llámese Chávez. Mientras más joven es
la persona, más distancia emocional tiene del personaje, y lo probable es
que los venezolanos de la próxima generación perciban a Chávez de una manera
mucho más crítica. No le verán ningún componente heroico. Lo verán como un
tipo pintoresco y loco con la cabeza llena de disparates.
¿Y el
adoctrinamiento en los centros de estudios?
Ese
adoctrinamiento puede menos que el hogar. La formación de la casa es la
base. Lo que ocurre es que en los hogares se produce un fenómeno terrible
cuando se vive un régimen totalitario, y es que los padres son los grandes
maestros de la mentira, son los que enseñan a sus hijos a mentir para que
sobrevivan.
Mi secretaria
fue una muchacha, abogada, del partido comunista. No supo que sus padres
eran creyentes del catolicismo hasta que le confesó a su madre que iba a
salir en un viaje al exterior y se iba a quedar en el exilio. Era una mujer
de veinticinco años. En ese momento la madre la llevó a un mueble de la casa
que tenía cerrado y le enseñó los libros católicos y las cosas que ella
escondía. Le confesó que ella había sido católica siempre y le rogó que
ahora que iba a emigrar, se enterara de lo que era el cristianismo tratara
de acercarse a Dios, pero hasta ese momento la enseñó a mentir para que
pudiera sobrevivir. Por lo demás, se trataba de una familia buena y decente,
obligada a mentir.
¿Hay
esperanzas?
Se puede
asegurar que el totalitarismo va a acabar. El tiempo que dure no lo sé, pero
ése no es un sistema definitivo. El problema es que hace mucho daño. Va a
empobrecer a todos los venezolanos, va a crispar a las familias, las va a
quebrar en pedazos. Va a romper la psicología de muchísima gente, la va a
hacer sufrir en todos los órdenes posibles, en el material, en el
psicológico, en el emocional. Todo eso va a ocurrir, pero a medio o largo
plazo la pesadilla se acaba.
Bueno, ¿por
qué en Cuba ha durado tantos años?
Bueno porque
tienen un dictador implacable que no permite el menor resquicio de libertad
desde el cual construir una opción diferente.
¿Usted
considera que Chávez no tiene el temple, el ímpetu ni la formación que tenía
Fidel?
Tengo una
percepción muy negativa de Chávez. Yo no creo que sea un hombre inteligente,
ni un estratega. Tampoco creo que tenga una capacidad especial. Sospecho que
es un hombre profundamente destructivo que conducirá al país hacia su casi
demolición, pero el sistema se desplomará con él. También hay que tomar en
cuenta el componente psicológico en estos personajes. La personalidad
narcisista es así, no permite ver los problemas desde la perspectiva del
otro, los narcisistas carecen del mecanismo de la empatía, nunca se pueden
meter debajo de la piel del otro. Todo lo ven desde su perspectiva egoísta y
acaban con los países.
Usted le
escribió un prólogo al libro Del buen salvaje al buen revolucionario de
Carlos Rangel. Es un libro en el que Venezuela no creyó en su momento. Fue
publicado en Francia donde causa un gran revuelo. Tenía además una carta de
presentación que abría puertas: un prólogo de Jean Fracoise Revel. Luego es
publicado en Venezuela y ha tenido más de treinta ediciones en diversos
idiomas, o sea, es un libro que ha venido como renovándose el mismo y
todavía tiene una validez y un peso importante.
Creo que
Carlos Rangel tuvo algo de profeta, porque cuando él publica este libro
Venezuela vivía su momento más esplendoroso. La Venezuela saudita, contaba
con todos los recursos del mundo, con el precio del petróleo disparado, y
sin embargo, Rangel hace una advertencia sobre cosas muy graves, sobre los
errores del colectivismo, sobre el disparate que significa transferir
nuestras responsabilidades siempre a los demás. Esa idea nociva de que los
norteamericanos son los culpables de todos los disparates y de todas las
cosas que hacemos incorrectamente.
Un ejemplo de
esta irresponsabilidad es el comportamiento de los venezolanos cuando se
produce el intento de golpe de estado en 1992, después de haber elegido por
una abrumadora mayoría, pocos meses antes, a Carlos Andrés Pérez. Pérez
parecía tener la simpatía de la sociedad y ofrecía su gran viraje como le
llamo él. Era una manera inteligente de gobernar, mucho más inteligente que
la de su primer período, y ya se veían los resultados prácticos de cómo la
economía había empezado a dispararse en la dirección correcta, sin embargo,
ese mismo pueblo que había votado voluntariamente, ahora respaldaba al
golpista y lo botaba del poder.
¿Qué quería
decir eso? Que el compromiso de la sociedad con la democracia y con las
instituciones republicanas era muy débil, o inexistente. Había un divorcio
profundo entre la sociedad y el Estado. Como consecuencia del mal manejo del
Estado, las personas no se veían reflejadas en el sistema. No creían que ese
conjunto de instituciones, ni esas leyes, ni esos políticos servían sus
intereses. Por lo tanto, no les importaba la destrucción del modelo
político. Cuando uno ve que una sociedad sale a aplaudir la destrucción de
su Constitución, que supuestamente es la expresión de la soberanía popular,
es porque no cree en la Democracia.
Usted es
cubano y salió de Cuba, ¿qué pasó?
Me enfrenté al
régimen cuando me convencí de que Castro iba en dirección al totalitarismo.
Lo hice más por intuición que por formación, puesto que era muy joven. De
muchacho me integre a los grupos de la oposición que estaba organizando la
resistencia y me condenaron a veinte años de cárcel. Yo tenía en ese momento
17 años. Así que tuve que ir a una cárcel de menores. De ésta escapo antes
de cumplir los 18 años y me asilé en la embajada de Venezuela. Decía que mi
intuición me ayudó, ya que sentí que un régimen totalitario era negativo
para mi país. Había leído con mucho interés y con bastante horror las
entonces recientes historias de la represión rusa contra la revolución
húngara de 1956. Aquello me impacto mucho. Luego en los primeros tiempos de
la revolución cubana leí ciertos libros como El cero y el infinito de Arthur
Koestler o las obras de Eudocio Ravines. Poco más adelante Moscú se hizo
presente de una manera descarada.
El gran aporte
del comunismo al siglo XX es la carpintería represiva. La Unión Soviética le
proporcionó a Castro, a partir del año 59 y 60, todos los medios para lograr
su objetivo. Le construyó la cárcel a prueba de fugas. Ahora Castro se la
construye a Chávez. Castro le aporta el tipo de legislación que Chávez
necesita, el tipo de organización represiva, la forma de estructurar los
grupos de apoyo en el exterior, mientras ocurre la construcción del aparato
totalitario. Le enseña a proyectar una imagen benéfica, de una revolución
bondadosa, donde la gente tiene educación y salud. Es toda una técnica de
construcción de imágenes. En Cuba esta estrategia la manejaba el
Departamento de Orientación Revolucionaria. Ellos siguen un gran plan que se
revisa cada seis meses, con centenares de especialistas que miden el número
de pulgadas que aparecen en los periódicos, la nómina de todos sus amigos en
el mundo, de cómo hay que cortejarlos, de cómo hay que invitarlos, de cuales
son las debilidades. Cada persona tiene asignado a uno de esos amigos de la
revolución bolivariana, a los amigos de la revolución cubana. Todos tienen
expediente en ese departamento.
¿Qué
podemos hacer?
Hay que
retardar el control total sobre la sociedad. Hay que enamorarse de nuevo de
la patria. Es el momento de comprometerse a luchar. Es el momento de la
madurez y la reflexión. Deben hacer que la Patria, como quería Ortega, sea
otra vez un proyecto de vida en común. Hay que tener en cuenta la frase
martiana de “una república con todos y para el bien de todos”. Todos debemos
beneficiarnos de la democracia y la libertad.
Imprimir
esta página