¿Sirvió para
algo la CIA?
Carlos Alberto Montaner
Hace medio siglo, el presidente Eisenhower, desesperado por el torpe
funcionamiento de la CIA, expresó su temor de dejarles a los norteamericanos
una ''herencia de cenizas'' (Legacy of ashes). Esa fue la expresión
que utilizó el periodista Tim Weiner, del NYT, para titular su
historia de la Agencia Central de Inteligencia, recientemente publicada por
Doubleday.
La tesis central del libro es que el espionaje norteamericano fracasó en
la labor fundamental para que fue creado: informar a las autoridades sobre
los peligros que amenazaban al país. La CIA, aparentemente, no acertó casi
nunca. Jamás pudo penetrar de una manera sustantiva a los soviéticos,
chinos, coreanos, cubanos o vietnamitas, mientras la inteligencia del
enemigo, durante la época de la guerra fría, fue mucho más hábil en
averiguar los secretos o las intenciones de Estados Unidos. Incluso hoy
mismo (aunque el libro no lo menciona), desaparecida la URSS, la agresiva
inteligencia cubana ha sido capaz de reclutar a un alto oficial del
Pentágono, Ana Belén Montes, condenada a 25 años de cárcel por su traición,
y se sospecha que todavía tiene otros topos escondidos en la administración
norteamericana.
También --y esta es la otra deriva de la obra-- la CIA apenas tuvo éxitos
en sus operaciones encubiertas, dudosamente legales desde la perspectiva
americana, exceptuados los derrocamientos del guatemalteco Jacobo Arbenz, el
brasilero Joao Goulart, el chileno Salvador Allende, la colaboración en el
asesinato del dictador dominicano Rafael L. Trujillo o la captura del
Che Guevara (cuya ejecución fue decidida por los bolivianos). En todo
caso, de la obra de Weiner se desprende una clara condena a la participación
de la CIA en estas acciones y en la batalla ideológica mantenida contra los
comunistas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, por ejemplo,
financiar instituciones políticas y culturales como el Partido Demócrata
Cristiano de Italia o el Congreso por la Libertad de la Cultura.
De acuerdo con Weiner, al margen de las posibles violaciones de la ley,
las enormes cantidades de dinero utilizadas por la CIA no se justifican ante
los pobres y casi siempre contraproducentes resultados de sus esfuerzos. ¿Por
qué fracasaba? Fundamentalmente, por ignorancia: los jefes y subalternos
apenas sabían idiomas, no conocían la cultura, la historia o la
idiosincrasia de las sociedades a las que debían proteger, atacar o intentar
cambiar, y frecuentemente se planteaban objetivos imposibles de cumplir.
Pero también los políticos eran culpables: tanto los presidentes
republicanos como los demócratas mentían, distorsionaban la información o
subordinaban los intereses nacionales a los partidistas.
El libro hay que leerlo con ojo crítico (pero hay que leerlo). Todo lo
que dice es verdad, mas ignora algo fundamental: la URSS tenía un plan de
conquista universal, acelerado tras la Segunda Guerra Mundial, y la única
nación del planeta que le hizo frente fue Estados Unidos. A la CIA, como al
Plan Marshall, la OTAN, o el resto de los mecanismos de defensa, hay que
juzgarla dentro del contexto de la guerra fría. Es triste que la Agencia
haya sostenido a los partidos políticos democráticos de Italia, pero si no
lo hace es muy probable que el poderoso partido comunista italiano,
apuntalado por Moscú, hubiera alcanzado el poder para forjar una satrapía
semejante a la polaca o la rumana. Es una desgracia que los generales
griegos hayan dado un golpe e instaurado una dictadura criminal, pero si
Washington, por medio de la CIA, no le hace frente a la amenaza comunista en
la postguerra, Grecia hubiera caído tras el telón de acero.
Es cierto que el KGB tuvo más éxitos que la CIA, pero la inteligencia
soviética tenía al menos tres ventajas extraordinarias frente a la
norteamericana: respaldo total e ilimitado del gobierno ruso, sin temor a la
inexistente opinión pública o al peso de la ley (el KGB hacía las leyes); el
apoyo incondicional de los partidos comunistas del mundo entero; y una
complicidad ideológica muy bien engrasada por parte de miles de
intelectuales, periodistas y artistas que servían de caja de resonancia al
discurso político lanzado desde el Kremlin, acaso por suscribir el juicio
melancólico atribuido a García Márquez: ``la inmortalidad sólo se alcanza
cuando uno aparece en la Enciclopedia soviética''.
¿Hubiera ganado Estados Unidos la guerra fría si no hubiese existido la
CIA? Probablemente. La URSS y el comunismo se hundieron como consecuencia de
que era un disparatado planteamiento teórico, contrario a la naturaleza
humana, ejecutado con una crueldad sin paralelo (cien millones de muertos
quedaron en el camino), enfrentado a un modelo democrático infinitamente más
eficiente en el terreno material y científico, y mucho más confortable en el
emocional. No obstante, nunca lo sabremos con certeza. Lo que no puede
dudarse es que, cuando la libertad estuvo a punto de desaparecer en el
mundo, Estados Unidos trató de impedirlo. Y de alguna manera lo logró.
Septiembre 9, 2007
Imprimir
esta página