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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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El hombre que aprende

Carlos Alberto Montaner

Palabras de aceptación del título de Profesor Honorario de la Universidad Francisco Marroquín  en el acto de honor a los graduados de 2007 2 de noviembre de 2007

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A graduandos distinguidos
En ocasion del doctorado honoris causa
 

Cuando se crearon las grandes universidades de Occidente, en la Edad Media, el propósito de estas instituciones era que los estudiantes aprendieran a confirmar las verdades que ya habían sido halladas por los padres de la Iglesia. En eso, esencialmente, constituía la educación escolástica.

El objetivo no era descubrir nada nuevo. Incluso, más de una vez la Inquisición acusó a ciertos intelectuales de haber incurrido en la peligrosa conducta de proponer novedades. Le pasó a san Bernardino de Siena, un esclarecido defensor del mercado y de la libertad económica.

Esa melancólica convicción de que todas las verdades esenciales ya habían sido descubiertas o estaban en los papeles de Aristóteles y de Santo Tomás, unida a una sumisa actitud intelectual, duró, en algunos casos, hasta el siglo XIX, y tiene su más notable expresión en la famosa carta escrita por las autoridades de la Universidad de Cervera al rey Fernando VII: “Lejos de nosotros, Majestad, la funesta manía de pensar”. Y desde su perspectiva no les faltaba razón: ¿para qué pensar si todo ya se sabe y ha sido descubierto?

¿Desapareció este espíritu escolástico en el siglo XX? De ningún modo. En el mundo totalitario, especialmente dentro de los estados marxistas-leninistas, el planteamiento era el mismo: todo estaba en Marx y en Lenin. Fuera de ellos quedaban los revisionistas, los agentes del imperialismo y las mentiras de los enemigos de clase. Cualquier forma de contradicción o negación, cualquier novedad, se pagaba con la cárcel, el ostracismo y la segregación social.

Sin embargo, la evidencia indicaba exactamente lo contrario. Sabemos muy poco, y lo que sabemos es siempre provisional y dudoso. La física y la astrofísica cada día que pasa, además de expandir los límites del universo, expanden los de nuestro asombro y perplejidad. La medicina hay que volver a estudiarla cada cinco años. El mundo de la electrónica no sólo se renueva constantemente, sino influye y cambia al resto de las disciplinas vertiginosamente.

Esto es importante tenerlo en cuenta. Todos ustedes se han graduado en una gran universidad, pero lo que esta institución puede hacer sólo es prepararlos para la permanente búsqueda de nuevos conocimientos que nos confirmarán lo poco que sabemos, pero, a cambio, nos proporcionarán la grata sensación de volver a aprender.

Hoy, jóvenes graduados, no es el punto final de un proceso de aprendizaje, sino el punto de partida de una nueva etapa de la adquisición de conocimientos. No es verdad que podemos definir a nuestra especie como la del homo sapiens. Mucho más exacto es hablar del hombre que aprende, el hombre que necesita aprender. Esa es nuestra condena y nuestra gloria. Muchas gracias.

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Encomio de Carlos Alberto Montaner por Ramón Parellada, Acto de Graduación de la Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, 3 de noviembre del 2007:

En verdad es un gran  honor para mí presentar a Carlos Alberto Montaner. 

En primer lugar  porque su lucha intelectual por la libertad como principio fundamental del ser humano es la misma que la de la Universidad Francisco Marroquín cuya misión es: la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables.

En segundo lugar porque vengo en parte de una familia que ha sufrido, como tantos miles de Cubanos,  las consecuencias del comunismo, con pérdida de la libertad, propiedad, la vida, pobreza, separación y división de la familia.  Carlos Alberto Montaner sufrió esto y más ya que vivió en propio cuerpo la dictadura comunista llegando a ser preso político en Cuba.  Ha sido y es una voz que alienta y da esperanza a todos aquellos cubanos que han partido al exilio y sufrido toda clase de vejámenes por ese régimen Castrista que ahora otros tratan de imitar en Latinoamérica.

 

Nació en La Habana, Cuba, en 1943 y desde 1970 reside en Madrid.  Ha sido profesor universitario en diversas Universidades de América Latina y Estados Unidos.   Es profesor visitante de las universidades Francisco Marroquín (Guatemala), San Francisco (Quito) y Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (Perú).  En la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid enseña  un curso sobre la Historia de la Libertad.

Es un excelente escritor y periodista. Sus columnas semanales se publican en muchos periódicos de América Latina, España y Estados Unidos.  La revista “Poder” calcula que leen sus artículos semanales alrededor de seis millones de personas.  Ha recibido numerosos premios por su labor como columnista.

En Cuba, siendo muy joven, a los 17 años, a principios de 1961 fue condenado a veinte años de prisión por oponerse, junto a otros estudiantes, a la entronización de la dictadura comunista.  Al poco tiempo logró escapar y se asiló en una embajada latinoamericana para que luego, en septiembre de ese mismo año, iniciara su largo exilio.

Desde que llegó a vivir a España se vinculó a grupos liberales españoles donde fundó un partido político.  En 1990, tras el derribo del Muro de Berlín, inspirado en esa experiencia española, creó la Unión Liberal Cubana con el objeto de propiciar en Cuba un cambio pacífico y sin revanchas hacia la libertad como el que había vivido en España. 

Desde 1992 es vicepresidente de la Internacional Liberal, una federación radicada en Londres, integrada por unos setenta partidos políticos, dedicada a la defensa de los valores democráticos y la promoción de la economía de mercado.   Ha participado como observador en varias elecciones latinoamericanas y en numerosos seminarios dedicados al fortalecimiento de la democracia y a la difusión de las ideas de la libertad.

Ha publicado unos veinticinco de libros. Varios han sido traducidos al inglés, al portugués, al ruso y al italiano. Entre los más conocidos y reeditados están Viaje al corazón de Cuba, Cómo y por qué desapareció el comunismo, Libertad: la clave de la prosperidad, Las raíces torcidas de América Latina, Los latinoamericanos y la cultura occidental, La libertad y sus enemigos y las novelas Perromundo y 1898: La Trama.

Por cierto, su libro Los latinoamericanos y la cultura es resultado de una serie de conferencias impartidas en la Universidad peruana de Ciencias Aplicadas de Lima, La Universidad de Miami y aquí, en la Universidad Francisco Marroquín,  sobre sus reflexiones en cuanto a los orígenes de la identidad latinoamericana.

Tres de sus más polémicos y divulgados ensayos son los “best-sellers” Manual del perfecto idiota latinoamericano, Fabricantes de miseria y El regreso del idiota, los tres escritos con la colaboración de Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa. 

Has escrito además varios ensayos entre los que podemos destacar: Doscientos años de gringos, La agonía de América, Libertad: La clave de la prosperidad y No perdamos también el Siglo XXI

Liberty Fund publicó una entrevista que Carlos Alberto Montaner hiciera a uno de los fundadores de esta casa de estudios, el Dr. Manuel Ayau sobre varios temas entre los que destaca el tema de la educación y la libertad.  La entrevista fue muy bien realizada gracias al conocimiento,  espontaneidad y facilidad de oratoria que caracterizan al entrevistador.

Este año recibió el Premio a la Tolerancia que entrega anualmente la Comunidad de Madrid.  En una entrevista reciente, Gabriel Salvia le preguntó sobre la importancia del premio y esta es parte de su respuesta:  Me parece muy importante y no en cuanto al beneficio que me pueda traer, que no es nada, sino para la sociedad cubana que está precisamente falta de tolerancia y de libertades; es decir, es un pueblo sometido durante más de medio siglo a un gobierno que practica la intransigencia como si fuera una virtud y que además aplasta toda forma de disidencia, que no está dispuesto a aceptar a personas que se muevan fuera de los parámetros elegidos por el gobierno de lo cubano y lo revolucionario

Carlos Alberto ha sido un intelectual valiente, defensor de la libertad, la vida y la propiedad como principio básico para lograr una sociedad próspera y pacífica.  Digo valiente porque no se amilana ante audiencias agresivas y contrarias a la libertad ni a sus ideas.  Recuerdo que hace poco menos de dos años, en la presentación de uno de sus últimos libros, La Libertad y sus Enemigos, visitó una universidad en Argentina donde lo recibieron con fuertes protestas y quemando llantas en su camino.  Luego fue a Perú donde en otra universidad a la que había sido invitado a presentar su libro no le abrieron las puertas del auditorio porque a última hora alguien no quería dar las llaves.

Carlos Alberto, en esta casa de estudios, la casa de la Libertad, tú y tu esposa Linda son más que bienvenidos y nos honran e inspiran con su presencia.   Siempre encontrarán totalmente abiertas nuestras puertas.  Bienvenidos.

GRADUADOS PARA DEFENDER LA LIBERTAD

Carlos Alberto Montaner

Palabras durante la aceptación del

Doctorado Honoris Causa de la

Universidad Francisco Marroquín

Guatemala, 3 de noviembre de 2007

Es para mí una extraordinaria distinción que la Universidad Francisco Marroquín me haya concedido un doctorado honorífico. Es una de las instituciones universitarias que más admiro. Fue creada por D. Manuel Ayau y otros entusiastas guatemaltecos con el propósito de defender la libertad, y se ha mantenido fiel a esta causa original. No concibo otro propósito más noble. Lo único que lamento es que en cada país latinoamericano no existan varias instituciones similares.

Sus fundadores, y luego quienes devotamente han continuado la obra, como mis amigos Giancarlo Ibargüen, Rector, Ramón Parellada, Tesorero, o el profesor Armando de la Torre, uno de los mejores pensadores con que contamos en estas tierras, y tantos otros valiosos liberales y libertarios, entendían que la libertad es el componente esencial del progreso, la prosperidad y la felicidad de las personas. Pero esa convicción había que defenderla en el terreno intelectual y académico porque, desgraciadamente, tenía y tiene muchos detractores y adversarios.

La libertad no es un lujo, sino una necesidad vital. Los seres humanos estamos condenados a tomar decisiones para sobrevivir. Las demás criaturas que pueblan el planeta son guiadas por pulsiones profundas controladas por sus instintos. El tigre ataca, duerme o se alimenta porque así se lo dicta la naturaleza. Nosotros actuamos movidos, en gran medida, por la razón y por la estructura de valores morales forjada desde muy temprana edad y enriquecida por la experiencia, las lecturas y las reflexiones.

Durante un buen número de años, los estudiantes que han pasado por las aulas de esta universidad han examinado y debatido una observación fundamental que no suele escucharse en otras instituciones similares de América Latina: las sociedades más ricas son aquellas en las que los individuos y no el Estado son los grandes agentes económicos, y en las que las transacciones comerciales se realizan dentro de las normas del mercado. ¿Por qué? Porque en este terreno las decisiones más acertadas suelen ser las que toman las personas en procura de sus propios fines, y no los funcionarios en defensa de un opaco “bien común” que casi nunca logra definirse porque están en juego diversos intereses frecuentemente contradictorios.

También han aprendido que las naciones más prósperas y estables son aquellas en las que las instituciones funcionan correctamente, y en las que la sociedad civil y el gobierno se encuentran voluntariamente sometidos al imperio de leyes justas administradas con probidad por jueces independientes. Han descubierto, en suma, que la riqueza se crea con la combinación adecuada de capital social, capital humano y capital material, pero sólo se conserva si las personas tienen los valores adecuados y la determinación sin vacilaciones de vivir en paz y aceptar las diferencias y la diversidad, mientras se buscan fórmulas de consenso capaces de solucionar los inevitables conflictos que surgen en todo conglomerado humano.

Tal vez a ustedes, egresados de la Universidad Francisco Marroquín, estas observaciones les parezcan obvias, pero créanme que no es así. Lamentablemente, convivimos en una cultura latinoamericana en la que las tradiciones populistas y colectivistas están muy arraigadas, fenómeno que explica los altos niveles de pobreza, mal gobierno y desasosiego en que solemos vivir, permanentemente sujetos al riesgo de que el desorden se apodere de nuestra sociedad y nos precipite en el caos.

Es, pues, afortunado, que quienes hoy se gradúan y acceden a la vida profesional con un alto nivel de preparación, hayan aprendido, además, a defender la libertad todos los días, porque todos los días estará amenazada. Guatemala los necesita. Buena suerte en la batalla que tienen por delante.

Muchas gracias.

Noviembre 4, 2007

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