El
hombre que aprende
Carlos Alberto Montaner
Palabras de aceptación del título de Profesor Honorario de la
Universidad Francisco Marroquín en el acto de honor a los graduados de
2007 2 de noviembre de 2007
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A graduandos
distinguidos
En ocasion del
doctorado honoris causa
Cuando se crearon las grandes universidades de Occidente, en la Edad Media,
el propósito de estas instituciones era que los estudiantes aprendieran a
confirmar las verdades que ya habían sido halladas por los padres de la
Iglesia. En eso, esencialmente, constituía la educación escolástica.
El objetivo no era descubrir nada nuevo. Incluso, más de una vez la
Inquisición acusó a ciertos intelectuales de haber incurrido en la peligrosa
conducta de proponer novedades. Le pasó a san Bernardino de Siena, un
esclarecido defensor del mercado y de la libertad económica.
Esa melancólica convicción de que todas las verdades esenciales ya habían
sido descubiertas o estaban en los papeles de Aristóteles y de Santo Tomás,
unida a una sumisa actitud intelectual, duró, en algunos casos, hasta el
siglo XIX, y tiene su más notable expresión en la famosa carta escrita por
las autoridades de la Universidad de Cervera al rey Fernando VII: “Lejos de
nosotros, Majestad, la funesta manía de pensar”. Y desde su perspectiva no
les faltaba razón: ¿para qué pensar si todo ya se sabe y ha sido descubierto?
¿Desapareció este espíritu escolástico en el siglo XX? De ningún modo. En el
mundo totalitario, especialmente dentro de los estados marxistas-leninistas,
el planteamiento era el mismo: todo estaba en Marx y en Lenin. Fuera de
ellos quedaban los revisionistas, los agentes del imperialismo y las
mentiras de los enemigos de clase. Cualquier forma de contradicción o
negación, cualquier novedad, se pagaba con la cárcel, el ostracismo y
la segregación social.
Sin embargo, la evidencia indicaba exactamente lo contrario. Sabemos muy
poco, y lo que sabemos es siempre provisional y dudoso. La física y la
astrofísica cada día que pasa, además de expandir los límites del universo,
expanden los de nuestro asombro y perplejidad. La medicina hay que volver a
estudiarla cada cinco años. El mundo de la electrónica no sólo se renueva
constantemente, sino influye y cambia al resto de las disciplinas
vertiginosamente.
Esto es importante tenerlo en cuenta. Todos ustedes se han graduado en una
gran universidad, pero lo que esta institución puede hacer sólo es
prepararlos para la permanente búsqueda de nuevos conocimientos que nos
confirmarán lo poco que sabemos, pero, a cambio, nos proporcionarán la grata
sensación de volver a aprender.
Hoy, jóvenes graduados, no es el punto final de un proceso de aprendizaje,
sino el punto de partida de una nueva etapa de la adquisición de
conocimientos. No es verdad que podemos definir a nuestra especie como la
del homo sapiens. Mucho más exacto es hablar del hombre que aprende,
el hombre que necesita aprender. Esa es nuestra condena y nuestra gloria.
Muchas gracias.
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Encomio de Carlos Alberto Montaner por Ramón Parellada, Acto de Graduación
de la Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, 3 de noviembre del 2007:
En verdad es un gran honor para mí presentar a Carlos Alberto Montaner.
En primer lugar porque su lucha intelectual por la libertad como principio
fundamental del ser humano es la misma que la de la Universidad Francisco
Marroquín cuya misión es: la enseñanza y difusión de los principios éticos,
jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables.
En segundo lugar porque vengo en parte de una familia que ha sufrido, como
tantos miles de Cubanos, las consecuencias del comunismo, con pérdida de la
libertad, propiedad, la vida, pobreza, separación y división de la familia.
Carlos Alberto Montaner sufrió esto y más ya que vivió en propio cuerpo la
dictadura comunista llegando a ser preso político en Cuba. Ha sido y es una
voz que alienta y da esperanza a todos aquellos cubanos que han partido al
exilio y sufrido toda clase de vejámenes por ese régimen Castrista que ahora
otros tratan de imitar en Latinoamérica.
Nació en La Habana, Cuba, en 1943 y desde 1970 reside en Madrid. Ha sido
profesor universitario en diversas Universidades de América Latina y Estados
Unidos. Es profesor visitante de las universidades Francisco Marroquín
(Guatemala), San Francisco (Quito) y Universidad Peruana de Ciencias
Aplicadas (Perú). En la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid enseña
un curso sobre la Historia de la Libertad.
Es un excelente escritor y periodista. Sus columnas semanales se publican en
muchos periódicos de América Latina, España y Estados Unidos. La revista
“Poder” calcula que leen sus artículos semanales alrededor de seis millones
de personas. Ha recibido numerosos premios por su labor como columnista.
En Cuba, siendo muy joven, a los 17 años, a principios de 1961 fue condenado
a veinte años de prisión por oponerse, junto a otros estudiantes, a la
entronización de la dictadura comunista. Al poco tiempo logró escapar y se
asiló en una embajada latinoamericana para que luego, en septiembre de ese
mismo año, iniciara su largo exilio.
Desde que llegó a vivir a España se vinculó a grupos liberales españoles
donde fundó un partido político. En 1990, tras el derribo del Muro de
Berlín, inspirado en esa experiencia española, creó la Unión Liberal Cubana
con el objeto de propiciar en Cuba un cambio pacífico y sin revanchas hacia
la libertad como el que había vivido en España.
Desde 1992 es vicepresidente de la Internacional Liberal, una federación
radicada en Londres, integrada por unos setenta partidos políticos, dedicada
a la defensa de los valores democráticos y la promoción de la economía de
mercado. Ha participado como observador en varias elecciones
latinoamericanas y en numerosos seminarios dedicados al fortalecimiento de
la democracia y a la difusión de las ideas de la libertad.
Ha publicado unos veinticinco de libros. Varios han sido traducidos al
inglés, al portugués, al ruso y al italiano. Entre los más conocidos y
reeditados están Viaje al corazón de Cuba, Cómo y por qué desapareció el
comunismo, Libertad: la clave de la prosperidad, Las raíces torcidas de
América Latina, Los latinoamericanos y la cultura occidental, La libertad y
sus enemigos y las novelas Perromundo y 1898: La Trama.
Por cierto, su libro Los latinoamericanos y la cultura es resultado
de una serie de conferencias impartidas en la Universidad peruana de
Ciencias Aplicadas de Lima, La Universidad de Miami y aquí, en la
Universidad Francisco Marroquín, sobre sus reflexiones en cuanto a los
orígenes de la identidad latinoamericana.
Tres de sus más polémicos y divulgados ensayos son los “best-sellers”
Manual del perfecto idiota latinoamericano, Fabricantes de miseria y El
regreso del idiota, los tres escritos con la colaboración de Plinio
Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa.
Has escrito además varios ensayos entre los que podemos destacar:
Doscientos años de gringos, La agonía de América, Libertad: La clave de la
prosperidad y No perdamos también el Siglo XXI
Liberty Fund publicó una entrevista que Carlos Alberto Montaner hiciera a
uno de los fundadores de esta casa de estudios, el Dr. Manuel Ayau sobre
varios temas entre los que destaca el tema de la educación y la libertad.
La entrevista fue muy bien realizada gracias al conocimiento, espontaneidad
y facilidad de oratoria que caracterizan al entrevistador.
Este
año recibió
el Premio a la Tolerancia que entrega anualmente la Comunidad de Madrid. En
una entrevista reciente, Gabriel Salvia le preguntó sobre la importancia del
premio y esta es parte de su respuesta:
Me parece muy importante y no en cuanto al beneficio que me pueda traer, que
no es nada, sino para la sociedad cubana que está precisamente falta de
tolerancia y de libertades; es decir, es un pueblo sometido durante más de
medio siglo a un gobierno que practica la intransigencia como si fuera una
virtud y que además aplasta toda forma de disidencia, que no está dispuesto
a aceptar a personas que se muevan fuera de los parámetros elegidos por el
gobierno de lo cubano y lo revolucionario
Carlos Alberto ha sido un intelectual valiente, defensor de la libertad, la
vida y la propiedad como principio básico para lograr una sociedad próspera
y pacífica. Digo valiente porque no se amilana ante audiencias agresivas y
contrarias a la libertad ni a sus ideas. Recuerdo que hace poco menos de
dos años, en la presentación de uno de sus últimos libros, La Libertad y
sus Enemigos, visitó una universidad en Argentina donde lo recibieron
con fuertes protestas y quemando llantas en su camino. Luego fue a Perú
donde en otra universidad a la que había sido invitado a presentar su libro
no le abrieron las puertas del auditorio porque a última hora alguien no
quería dar las llaves.
Carlos Alberto, en esta casa de estudios, la casa de la Libertad, tú y tu
esposa Linda son más que bienvenidos y nos honran e inspiran con su
presencia. Siempre encontrarán totalmente abiertas nuestras puertas.
Bienvenidos.
GRADUADOS PARA DEFENDER LA LIBERTAD
Carlos Alberto Montaner
Palabras durante la aceptación del
Doctorado Honoris Causa de la
Universidad Francisco Marroquín
Guatemala, 3 de noviembre de 2007
Es para mí una extraordinaria distinción que la Universidad Francisco
Marroquín me haya concedido un doctorado honorífico. Es una de las
instituciones universitarias que más admiro. Fue creada por D. Manuel Ayau y
otros entusiastas guatemaltecos con el propósito de defender la libertad, y
se ha mantenido fiel a esta causa original. No concibo otro propósito más
noble. Lo único que lamento es que en cada país latinoamericano no existan
varias instituciones similares.
Sus fundadores, y luego quienes devotamente han continuado la obra, como mis
amigos Giancarlo Ibargüen, Rector, Ramón Parellada, Tesorero, o el profesor
Armando de la Torre, uno de los mejores pensadores con que contamos en estas
tierras, y tantos otros valiosos liberales y libertarios, entendían que la
libertad es el componente esencial del progreso, la prosperidad y la
felicidad de las personas. Pero esa convicción había que defenderla en el
terreno intelectual y académico porque, desgraciadamente, tenía y tiene
muchos detractores y adversarios.
La libertad no es un lujo, sino una necesidad vital. Los seres humanos
estamos condenados a tomar decisiones para sobrevivir. Las demás criaturas
que pueblan el planeta son guiadas por pulsiones profundas controladas por
sus instintos. El tigre ataca, duerme o se alimenta porque así se lo dicta
la naturaleza. Nosotros actuamos movidos, en gran medida, por la razón y por
la estructura de valores morales forjada desde muy temprana edad y
enriquecida por la experiencia, las lecturas y las reflexiones.
Durante un buen número de años, los estudiantes que han pasado por las aulas
de esta universidad han examinado y debatido una observación fundamental que
no suele escucharse en otras instituciones similares de América Latina: las
sociedades más ricas son aquellas en las que los individuos y no el Estado
son los grandes agentes económicos, y en las que las transacciones
comerciales se realizan dentro de las normas del mercado. ¿Por qué? Porque
en este terreno las decisiones más acertadas suelen ser las que toman las
personas en procura de sus propios fines, y no los funcionarios en defensa
de un opaco “bien común” que casi nunca logra definirse porque están en
juego diversos intereses frecuentemente contradictorios.
También han aprendido que las naciones más prósperas y estables son aquellas
en las que las instituciones funcionan correctamente, y en las que la
sociedad civil y el gobierno se encuentran voluntariamente sometidos al
imperio de leyes justas administradas con probidad por jueces
independientes. Han descubierto, en suma, que la riqueza se crea con la
combinación adecuada de capital social, capital humano y capital material,
pero sólo se conserva si las personas tienen los valores adecuados y la
determinación sin vacilaciones de vivir en paz y aceptar las diferencias y
la diversidad, mientras se buscan fórmulas de consenso capaces de solucionar
los inevitables conflictos que surgen en todo conglomerado humano.
Tal vez a ustedes, egresados de la Universidad Francisco Marroquín, estas
observaciones les parezcan obvias, pero créanme que no es así.
Lamentablemente, convivimos en una cultura latinoamericana en la que las
tradiciones populistas y colectivistas están muy arraigadas, fenómeno que
explica los altos niveles de pobreza, mal gobierno y desasosiego en que
solemos vivir, permanentemente sujetos al riesgo de que el desorden se
apodere de nuestra sociedad y nos precipite en el caos.
Es, pues, afortunado, que quienes hoy se gradúan y acceden a la vida
profesional con un alto nivel de preparación, hayan aprendido, además, a
defender la libertad todos los días, porque todos los días estará amenazada.
Guatemala los necesita. Buena suerte en la batalla que tienen por delante.
Muchas gracias.
Noviembre 4, 2007
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