El
cambio es inevitable
Entrevista a Carlos Alberto Montaner
Luis Cino
LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) - En medio de tanto despiste,
manipulación y wishful thinking sobre la situación cubana, el escritor y
periodista Carlos Alberto Montaner es uno de los más seguros referentes para
los que deseen saber qué pasa realmente en Cuba, e incluso qué pudiera pasar
en los próximos años.
En sus libros, artículos periodísticos y conferencias, Montaner, profundo y
coherente, sin poses de cubanólogo, expresa los criterios sobre Cuba más
lúcidos y sensatos que se pueden escuchar hoy en el mundo. La buena noticia
es que su visión sobre la transición pacífica de Cuba a la democracia es
optimista. Sus amables respuestas a este cuestionario nos acercan al por qué
del optimismo de alguien que sabe bien de qué habla.
Luis Cino: Luego de más de 47 años fuera de Cuba, 38 de ellos en Madrid,
¿cuál es la fórmula de Carlos Alberto Montaner para estar tan informado
sobre la situación cubana como si hubiera llegado la semana pasada al
exilio?
Carlos A. Montaner: Gracias por la premisa, Luis. Lo que hago es escuchar a
los recién llegados, leer a quienes viven dentro del país y tratar de
recurrir al sentido común. Por otra parte, todos los seres humanos tienen
más o menos las mismas características, deseos y comportamientos, así que no
es difícil asegurar que la sociedad cubana, y especialmente su segmento más
joven, detesta profundamente al gobierno y al sistema comunista.
LC: Algunos atribuyen la insistencia del régimen cubano en acusarlo de
“terrorista” a su espectacular fuga de una prisión cubana en 1961. ¿Qué
ocurrió realmente?
CAM: Esas ridículas acusaciones de terrorista tienen como único objeto
desacreditar mis puntos de vista. Como no pueden rebatir las opiniones
tratan de callar a quien las emite. En una época me tachaban de agente de la
CIA. Como veían que nadie les hacía caso, me tildaron de terrorista. En
realidad, mis dos únicos contactos con el terrorismo sucedieron en 1957,
cuando los terroristas del 26 de julio pusieron una bomba en el hotel
Comodoro que hirió a mucha gente, momento en que conocí a una muchachita que
lloraba en medio de la humareda, con la que llevo casado casi medio siglo; y
en 1987, cuando los policías cubanos destacados en Madrid me enviaron una
bomba dentro de un libro titulado Una muerte muy dulce.
En cuanto a mi detención y condena, en diciembre de 1960 me detuvieron junto
a otros tres estudiantes y nos acusaron de conspirar contra los poderes del
Estado. Nadie nos acusó de terrorismo porque nada teníamos que ver con el
terrorismo. A principios de enero de 1961 nos condenaron a 20 años de cárcel
en un juicio con testigos falsos que duró media hora. Uno de los jueces que
participó en aquella farsa se exilió en España y me contó cómo eran aquellos
procesos. Las sentencias las hacían en el Ministerio del Interior. Como yo
era menor de edad me internaron en el pabellón de presos políticos de una
cárcel llamada Piti Fajardo, antiguamente conocida como Torrens. De ahí nos
escapamos dos reclusos, Rafael Gerada y yo, cortando un barrote y corriendo
a una velocidad seguramente olímpica. Pudimos huir porque en las afueras de
la finca nos esperaba un vehículo que nos trasladó hasta La Habana. A los
pocos días nos asilamos en una embajada y salimos del país en septiembre 8
de 1961.
LC: Para convertirse en uno de los escritores y periodistas más prestigiosos
en Hispanoamérica, ¿le resultó difícil vencer los prejuicios contra el
exilio anticastrista de la intelectualidad izquierdista mundial?
CAM: Gracias, otra vez, por la premisa, pero seguramente es demasiado
generosa. En todo caso, jamás es fácil enfrentarse a la izquierda comunista.
Maneja un enorme aparato de difamación y domina unas técnicas de
manipulación de la opinión pública diseñadas en su momento por el KGB que
suelen ser muy eficientes. Hace 40 años comencé a publicar una columna
semanal en una agencia de prensa creada en NY por republicanos españoles, ex
comunistas, que conocían muy bien el paño. Por eso me abrieron las puertas.
El director de la agencia, Joaquín Maurín, quien trató a Lenin en Moscú en
los años veinte, despreciaba a Fidel Castro y fue muy hospitalario con los
papeles que yo escribía. Pero esta es una batalla que no se acaba nunca.
LC: ¿Quién pesa más en Carlos Alberto Montaner: el político o el
intelectual?
CAM: Creo que son dos aspectos que se complementan. Para mí la política es
la consecuencia de una reflexión intelectual. Sin embargo, hubiera preferido
dedicarme a la ficción si la vida no me hubiera colocado ante situaciones en
las que era imposible no participar en la contienda política.
LC: Desde 1990 preside la Unión Liberal Cubana. ¿Por qué cree en el
liberalismo Carlos Alberto Montaner?
CAM: Porque la enfermedad totalitaria se cura con grandes dosis de libertad,
tolerancia, respeto a la ley y responsabilidad individual, que son las señas
de identidad del liberalismo.
LC: Dicen algunos que el discurso de la disidencia interna es esencialmente
socialdemócrata, aunque gran parte de ella se proclame liberal. ¿Qué hay de
cierto en ello?
CAM: Tradicionalmente, el discurso político de los cubanos ha sido
socialdemócrata. El liberalismo, como lo entendemos en nuestros días, es un
recién llegado a la política cubana. Cuando yo era joven y el comunismo
todavía no había arraigado en el país a nadie se le ocurría defender los
derechos de propiedad o proclamar las virtudes de la economía de mercado. La
primera vez que yo hablé en público, a los 18 años, ya exiliado, fue para
proclamar las virtudes de las empresas estatales. No podía imaginarme que
muchos años después calificaría de “idiota latinoamericano” al que dijera
semejantes sandeces. Yo también fui un idiota.
LC: Luego de agitar durante años la propaganda oficial el fantasma del
“capitalismo salvaje”, ¿qué diría a los que temen el impacto sobre los
sectores más depauperados de la población cubana de la liberalización del
mercado y las terapias de choque?
CAM: La mejor metáfora se la escuché a un checo defensor de la terapia de
choque: “decirles a las sociedades víctimas del totalitarismo colectivista
que van a solucionar el problema gradualmente es como decirle a una persona
con un brazo gangrenado que se lo van a cortar poco a poco para que no
sufra”. Lo que sabemos, tras casi 20 años de transiciones, es que mientras
más rápidamente se aborden los cambios más rápidamente llegará la
recuperación.
LC: La prensa internacional insiste en repetir el estribillo de que la
disidencia cubana está “fragmentada y penetrada por los agentes de la
Seguridad del Estado”. Existen en Cuba dos concertaciones liberales que
hasta el momento no logran conciliar sus posiciones. ¿Qué opina al respecto?
CAM: No dudo que la policía política cubana haya penetrado a los grupos
liberales de la oposición interna y externa. Para la Seguridad eso es
bastante fácil y le dedican muchos recursos. Mi impresión es que la
Seguridad tiene colocados a sus agentes en todas partes. Pero eso también
era verdad en la URSS, en Alemania del Este y en todos los países del bloque
comunista y no pudieron evitar el colapso. Por otra parte, no es raro que
los demócratas de la oposición se dividan. Cuando murió Franco y convocaron
a elecciones comparecieron más de 100 agrupaciones políticas. En Cuba
sucederá lo mismo, pero luego el agua cogerá su nivel y la sociedad acabará
incardinada en varias tendencias básicas.
LC: ¿Qué política hacia Cuba aconsejaría al próximo gobierno norteamericano?
CAM: Enviarle dos mensajes muy claros: primero, el objetivo irrenunciable de
Estados Unidos es que en Cuba se establezca una democracia razonable dotada
de un sistema económico capaz de sostener a la población para que los
cubanos no tengan que emigrar; segundo, cuando los reformistas del gobierno
se muevan en esa dirección, abran las cárceles políticas y reconozcan la
legitimidad de la oposición, deben contar con la ayuda americana para salir
ordenadamente del desastre provocado por medio siglo de dictadura.
LC: ¿Considera posible un diálogo entre el régimen y la oposición?
¿Aceptaría participar en ese diálogo?
CAM: Sin ese diálogo no es posible la transición. Si me invitaran a
participar en un diálogo encaminado a crear las condiciones para el cambio,
por supuesto que participaría. Sería un irresponsable si no lo hiciera.
LC: ¿Es definitivamente optimista su visión sobre la transición a la
democracia en Cuba?
CAM: Creo que el cambio es inevitable. Cuba no puede ser la excepción
comunista en un mundo en el que esa opción dejó de tener vigencia. El
problema es cómo enterramos el totalitarismo organizadamente para que los
escombros no acaben sepultándonos a todos.
LC: ¿Cómo se ve Carlos Alberto Montaner en una Cuba democrática?
CAM: Depende cuándo se produzca. Me gustaría echar una mano y dedicar la
última etapa de mi vida a colaborar con la reconstrucción del país en el que
nací, pero como son tantos los factores que no puedo controlar, me limito
hoy a hacer lo que puedo, sin grandes planes personales para el futuro,
porque no sé qué sucederá mañana.
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