Mi cena con la escritora y el traductor
Gina Montaner
Para
ser un lunes en la noche están ocupadas casi todas las mesas de mi
restaurante favorito. Recién había terminado de leer Siempre París y
tenía muchas preguntas para su autora, la periodista de The Miami Herald
Fabiola Santiago. Descartamos el rígido formato de la entrevista y le
propuse una charla de sobremesa, por aquello de homenajear la que llevó al
cine Louis Malle con los escritores Wally Shawn y Andre Gregory en el
original y divertido filme Mi cena con André.
Fabiola
llegó acompañada de Carlos Verdecia, un amigo común que en el pasado fue su
pareja y a quien ha confiado la traducción de su novela del inglés al español.
Quién mejor que él para trasladar sus pensamientos de un idioma a otro. La
pregunta es inevitable y predecible: Marisol, la protagonista, hace un
recorrido de su vida sentimental por medio de ciudades y perfumes. ¿Detrás de
qué personaje se esconde un antiguo amor, hoy transformado en el traductor de
tus vivencias? La autora prefiere dejarme en suspenso para, a su vez, no
revelarles a otros lectores la clave del rompecabezas de su corazón. Le
insisto al traductor con la esperanza de que su vanidad de hombre sea más
fuerte que su complicidad de amigo. Pueden más los años de un afecto que hoy
es una inquebrantable amistad. Me quedo con otra duda: ¿quién encarna la
verdadera pasión para la soñadora y viajera Marisol? ¿El médico adúltero y
caballeroso o el exiliado recién llegado de Cuba cuyo desarraigo incluye un
alma escurridiza en los asuntos del cuore? Lo que me lleva a otra
pregunta: ¿cuánto hay de la escritora en Marisol? Es ingenuo, me aclara
Fabiola, creer que su personaje es una fotocopia de la realidad. Ambas
coincidimos en que un relato narrado en primera persona inevitablemente toca
de cerca al novelista, pero casi siempre se trata de una realidad tan
transformada que se pierde en los vericuetos de la ficción.
Fabiola
Santiago se fue de Cuba a los 10 años y desde entonces no ha regresado. La
protagonista de Siempre París también lleva hondo la herida del exilio
y todo lo que dejó atrás. La autora aún habla con emoción de su abuela y para
su cuasi alter ego se trata de la persona más influyente en su vida.
Fabiola recuerda noches inolvidables en el Café Nostalgia y en las páginas de
su libro muchas madrugadas se apagan en un garito llamado Dos Gardenias. El
hombre que viaja a París con Marisol acaba por romperle el corazón. ¿Acaso son
los espejos de la narración interna? A pesar de llevar un buen rato charlando
en el patio interior de mi restaurante favorito, la escritora no me revela si
alguna vez ella también sufrió mal de amores. El traductor tampoco suelta
prenda.
¿Por qué
razón cuando una novelista escribe una historia iniciática y de sentimientos
de inmediato la encasillan en el género del chick lit? Fabiola lanza la
queja refiriéndose a la insinuación condescendiente de quienes agrupan muchas
de las novelas escritas por mujeres para, se supone, consumo de otras mujeres.
Tiene razón la autora de Siempre París al señalar, por ejemplo, que
nadie ha acusado a un magnifico escritor como Pico Iyer de incursionar en el
boy lit cuando escribió Cuba and the Night: un tórrido romance
entre una jinetera y un autor que viaja a Cuba. Más de uno creyó ver a Iyer en
el viajero atrapado por los encantos de la joven. ¿Será que los libros
escritos por hombres son para consumo universal y no sufren la segregación de
las minorías que también abundan en el panorama literario? Nos haría falta
otra cena con su sobremesa para desmadejar estas diferencias. Desde luego,
añado, tampoco ayuda que las editoriales insistan en portadas a lo Sex and
the City a la hora de ilustrar relatos escritos por mujeres. El traductor
coincide con mi observación.
¿Y ya
tienes otro libro en desarrollo? Fabiola asiente pero me dice que pasa por un
momento de caos creativo. Deduzco que está a punto de hacerlo encerrada en su
casa de Miami Lakes, con vista a un jardín que le pone en orden los demonios
que escapan en el acto solitario de la escritura. Somos los únicos clientes en
el restaurante. Se ha hecho tarde y el camarero bosteza a propósito para
espantarnos. Me despido de Fabiola y Carlos. La escritora y su traductor.
Amigos siempre. Las novelas, como la vida, encierran más interrogantes que
certidumbres.
Septiembre 21
, 2009
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