Firmas Press
toolbar.gif (493 bytes)

Creada hace veinte años para servir a la prensa de habla española:
grandes columnistas, artículos de interés general, caricaturas, pasatiempos...

La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

Cam.jpg (6536 bytes)

“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


buscar2.gif (405 bytes)


buscar.gif (308 bytes)


© Firmas Press. Prohibida la reproduccion de los artículos que aparecen en este medio, sin consentimiento escrito o electrónico de Firmas Press.

 

  513-line.gif (245 bytes)

América Latina contra América Latina

Carlos Alberto Montaner

Madrid -- Magnífico. George Bush dejó a un lado las vergonzosas fotografías de las cárceles iraquíes y encontró tiempo para firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Centroamérica. Lo hizo discretamente, sin demasiada alharaca. La libertad económica tiene muchos enemigos en Estados Unidos y estamos en época de elecciones. Si hace mucho ruido se le tiran al cuello Pat Buchanan, Dick Gephardt y el resto de la banda proteccionista situada a la derecha y a la izquierda del espectro político nacional. El argumento de que Estados Unidos está exportando puestos de trabajo es una seductora falacia que puede costar algunos votos.

Los centroamericanos deben estar orgullosos de haber vencido las reticencias de los negociadores de Washington y las resistencias nacionales. No es fácil luchar contra los ''antiglobalizadores''. Son gente intelectualmente limitada, pero patológicamente terca y llena de energía, lo que suele constituir una combinación desesperante. Para el salvadoreño Francisco Flores, a punto de entregar la presidencia, es un triunfo personal con el que culmina una brillante etapa de su vida. Lo mismo puede decirse del costarricense Abel Pacheco, del hondureño Ricardo Maduro o del nicaragüense Enrique Bolaños. Lucharon duro y lograron forjar el acuerdo. El guatemalteco Oscar Berger acaba de alcanzar el poder, así que no es suyo el mérito de la negociación, pero es justo reconocerle su entusiasmo. Sabe que a medio y largo plazo el TLC beneficia a su país.

Ya están a bordo México y Chile. Las próximas naciones en pactar con Estados Unidos y Canadá serán República Dominicana y Panamá. Después seguirán, probablemente, Perú, Colombia y Ecuador, si es que en estos tres últimos países no se descarrila la tendencia hacia la libertad económica y la voluntad de colaboración con el primer mundo que postula la minoría más educada. Pero a partir de este punto el panorama es más dudoso y puede hablarse de una epidemia de presbicia histórica: es la vista cansada de los políticos ideológicamente viejos. La clase dirigente oficialista de Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Venezuela, alentada desde La Habana por Fidel Castro, defiende otro modelo de desarrollo, refractario a la integración y a la apertura comercial, anclado en las supersticiones populistas de mediados del siglo XX. Si las próximas elecciones uruguayas son ganadas por el Frente Amplio, hacia esa dirección también basculará Uruguay: viajará fatalmente al pasado.

Manuel Rocha, brillante ex embajador de Estados Unidos en Bolivia y diplomático con más de veinte años de experiencia en la región, lo explica y sintetiza en pocas palabras: En el mundo hispano se están conformando dos Américas. Hay una moderna, cuyo exponente más exitoso es Chile, que cree en la economía de mercado y en la emulación de los países más prósperos, que colabora en todos los órdenes con las naciones punteras de Occidente, y hay otra que insiste en rechazar el capitalismo, reafirma su fe inquebrantable en el estado como motor de la economía, y continúa buscando una invariablemente esquiva tercera vía que la redima de la miseria. La América que progresará será la primera. Pero la otra, la que andará retrasada, la que insensiblemente verá aumentar su porcentaje de pobres, será la que la izquierda calificará de ``progresista y revolucionaria''. Son perversiones del lenguaje.

Las relaciones entre estas dos Américas no siempre serán cálidas. Ahora mismo es evidente la existencia de una rencorosa ofensiva contra Chile. Molesta que ese país hoy tenga el más alto nivel per cápita del continente y continúe creciendo a ritmo acelerado. El éxito de Chile es la insoportable prueba de la superioridad del modelo del mercado y la libertad económica. Hugo Chávez y Fidel Castro no cesan de atacar al gobierno de Ricardo Lagos. La Argentina incumple sin ningún recato los contratos de suministro de energía con Chile, y Bolivia, frívolamente, le plantea a su vecino una opción imposible: sólo tendrá gas natural a cambio de ceder parcelas de soberanía en el Pacífico.

Por ahora el enfrentamiento se limita a escaramuzas verbales, pero no hay ninguna garantía de que las tensiones entre las dos Américas no evolucionen en el futuro hacia la violencia. Cada día que pasa parece más probable que en Bolivia llegue al poder una persona como el cocalero Evo Morales, suma y resumen del disparate tercermundista en su modalidad indigenista más delirante. Con Chávez en Caracas, Castro en La Habana y Morales en La Paz, sumados a la complaciente indiferencia del argentino Kirchner y a la perplejidad de Lula, hay suficientes ingredientes para que surja la conflagración. Todavía estamos a tiempo de evitarlo. Ya se sabe que para ahuyentar al diablo lo primero que hay que hacer es mencionarlo. Por eso, tal vez, escribo esta columna.

Mayo 30, 2004

  dot-clear2.gif (55 bytes)
dot-clear.gif (545 bytes)