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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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Fracasa penosamente la educación latinoamericana

Carlos Alberto Montaner

Madrid -- Los chilenos y los mexicanos están asustados. Los estudiantes de cuarto y de octavo grado de esas dos naciones, cuando contrastan sus conocimientos de matemáticas, ciencias y comprensión de lectura con los de otros países del mundo, suelen quedar en los últimos puestos.

Las dos pruebas internacionales más acreditadas se conocen por sus iniciales: PISA y TIMSS. En ambas, de una manera objetiva y aleatoria se examina a decenas de miles de estudiantes de treinta a cuarenta y seis países mediante una batería de tests adaptados a las diferentes culturas y basados en el contenido de los programas educativos declarados por estas naciones. Luego se computan los resultados y se establecen las clasificaciones.

Los primeros de la lista suelen ser pueblos asiáticos: Singapur, Corea, Taiwan o Japón. Junto a ellos, y a veces sobre ellos, la sorprendente Finlandia. En general, las naciones escandinavas y las bálticas obtienen buena puntuación. Entre los pueblos de estirpe británica, el peor colocado es Estados Unidos, tras naciones como Inglaterra, Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Irlanda. Pero Estados Unidos, pese a todo, no exhibe un desempeño escolar muy negativo. Generalmente se aproxima a la media de los países escrutados. Obtiene resultados mediocres, pero no malos. En cambio, la Europa grecolatina --España, Italia, Grecia-- sale bastante peor. Sus promedios están entre los más bajos de los países económicamente desarrollados.

Los datos latinoamericanos son escasos, porque los gobiernos no quieren exponerse a la crítica y optan por no participar, pero cuando aparecen son lamentables. Chile, que es el país más próspero y exitoso de América Latina, en el terreno de las matemáticas ocupa el lugar 39 y en las ciencias el 36 de entre 46, más o menos como Marruecos, Egipto o Filipinas. En otras pruebas parecidas, Colombia, Brasil y Perú caen por debajo de Chile. México en PISA 2003 descubrió que el 50% de los estudiantes de 15 años que han terminado la enseñanza obligatoria ni siquiera pueden seguir instrucciones para solucionar problemas matemáticos. Son semianalfabetos funcionales.

Parece que las causas de este desastre son múltiples, pero la de más peso puede ser una combinación entre la mala calidad de los maestros y la poca presión familiar para forzar el rendimiento escolar de niños y jóvenes. Donde existe una gran pulsión social hacia la obtención de logros y el cumplimiento de metas, lo probable es que ese rasgo cultural se aprecie en los resultados escolares.

Pero también es pertinente hacerse una pregunta de fondo: hasta qué punto es realmente decisivo que los estudiantes sean excelentes, mediocres o malos en el dominio de las matemáticas, las ciencias o la lectura de textos complejos. Tal vez mucho más importante que la calidad del sistema educativo es la calidad general del modelo de sociedad donde opera la educación.

Esto es lo que explicaría la paradoja suiza de ser una nación con estudiantes mediocres que posee $32,000 de PPP (Power Purchase Parity) mientras los más avispados taiwaneses sólo alcanzan $23,000. Por supuesto, lo ideal es contar con un robusto estado de derecho capaz de educar a los mejores estudiantes del planeta, pero no debe olvidarse que el grado de conocimientos que se adquiere en la escuela es menos determinante que el peso de las instituciones y los valores y actitudes de las personas para lograr el desarrollo de una comunidad próspera y armónica. Lo grave es cuando la escuela ni informa ni forma convenientemente. Y algo de eso parece que sucede en América Latina.

Enero 2, 2005

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